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Las restricciones durante el COVID-19 como ventana de oportunidad para degradar a las organizaciones criminales transnacionales en Colombia

Teniente coronel (ret.) Jeferson Guarin, Ejército Nacional de Colombia

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Foto: Raúl Arboleda, Agence France-Presse

El año 2020 presentó oportunidades únicas para las fuerzas militares en todo el mundo, no solo para ayudar y proteger a la sociedad civil durante la pandemia del COVID-19, sino también para intensificar la dinámica operacional contra las diferentes amenazas de seguridad híbrida que se esconden dentro de cada sociedad civil.

En marzo de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró oficialmente el brote del COVID-19 como una pandemia mundial y pidió «a todos los países que continúen con los esfuerzos que han sido eficaces para limitar el número de casos y frenar la propagación del virus»1. En respuesta a esto, por primera vez en nuestra reciente historia mundial, muchos países de todo el mundo han implementado cierres nacionales, imponiendo estrictas políticas de distanciamiento social interno y confinamiento social, incluyendo el cierre de fronteras, en un esfuerzo por contener y erradicar el virus. Muchos Gobiernos han restringido la libertad de movilidad, así como la concentración de personas para rezar, deliberar, legislar, educar y realizar muchas otras actividades que son comportamientos sociales humanos normales. En el segundo trimestre de 2020, alrededor de la mitad de la población mundial estaba bajo estricto confinamiento (aproximadamente 3900 millones de personas) debido al crecimiento exponencial de la pandemia2.

En Colombia, se decretó una cuarentena nacional obligatoria en julio de 2020. El Ejército Nacional de Colombia desarrolló una estrategia integral que permitió una ofensiva inmediata y contundente contra COVID-19 sin reducir la dinámica operacional contra las organizaciones criminales transnacionales (TCO, por sus siglas en inglés) que degradan la seguridad colombiana. Esta estrategia, denominada «San Roque», consistía en cuatro líneas de esfuerzo: (1) preservar a la fuerza, (2) mantener la capacidad operacional, (3) aumentar los controles fronterizos y (4) dar apoyo total a la autoridad civil. Estas líneas de esfuerzo generaron una ventana de oportunidad para aumentar la eficacia operacional contra las OTC durante la cuarentena.

Es importante entender que entre febrero y marzo de 2020, todos los líderes políticos y militares de Colombia estaban centrados principalmente en la mitigación del COVID-19. Sin embargo, esto no condujo a una miopía estratégica porque los planificadores del Ejército Nacional de Colombia comprendieron que esta situación sería aprovechada por las OTC para mutar en amenazas más complejas si no se aumentaba la iniciativa operacional.

Preservar a la fuerza

La preservación de la fuerza era la principal línea de esfuerzo para el Ejército Nacional de Colombia; debido a que si un soldado se infectaba con COVID-19, podía infectar fácilmente a otros soldados debido a la convivencia social y la proximidad que prevalece en los cuarteles militares. O peor aún, podía infectar a los soldados desplegados operacionalmente sobre el terreno. Además, al convertirse en agentes de control activo, los soldados se acercaban periódicamente a la población civil en los puestos de control. Por estas razones, se establecieron rápidamente las siguientes medidas preventivas desde principios de marzo de 2020:

  • El uso de mascarillas y guantes y el lavado de manos periódico eran obligatorios.
  • Los cursos de combate y reentrenamiento fueron cancelados hasta nuevo aviso. Todos los cursos académicos se realizaron de forma virtual.
  • Los oficiales y suboficiales trabajaban por turnos para reducir el número de personas en las oficinas
  • Las vacaciones fueron canceladas.
  • Las actividades de reclutamiento fueron postergadas.
  • Todas las ceremonias militares fueron canceladas.
  • Los vehículos, aviones y helicópteros se desinfectaron diariamente.
  • Los comandantes de pelotón tomaban diariamente la temperatura de cada soldado.
  • Todos los tripulantes de los aviones de evacuación aeromédica llevaban equipos de protección química, biológica, radiológica y nuclear (QBRN).
  • El reabastecimiento de las unidades desplegadas se realizó con los máximos protocolos de bioseguridad, especialmente el reabastecimiento de alimentos y agua.
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Debido a las diferentes condiciones ambientales que existen en Colombia, como las montañas nevadas, las llanuras, los desiertos, las selvas tropicales y las largas costas a lo largo del mar Caribe y el océano Pacífico, el Comandante del Ejército Nacional animó a sus más de doscientos comandantes de batallón a desarrollar sus propios protocolos y a acentuar las principales medidas de protección. En caso de duda, había personal sanitario y un equipo de paramédicos de combate que podían desplegarse rápidamente para ayudar si algún soldado mostraba síntomas del COVID-19.

Mantener la capacidad operacional

La cuarentena del COVID-19 ha llevado a un control nunca antes visto de la población civil, y esto ha creado condiciones atípicas para el desarrollo de operaciones ofensivas contra las TCO en Colombia. Durante los últimos años, los estrategas y expertos de la contrainsurgencia han determinado que la población es el centro de gravedad más importante para cualquier campaña militar de contrainsurgencia. Según David Galula, un notable teórico francés de la contrainsurgencia, una de las condiciones más importantes de la victoria en la contrainsurgencia es «el aislamiento permanente del insurgente de la población»3.

A partir de marzo de 2020, las diferentes TCO que amenazan con abrumar a la sociedad colombiana han perdido parte de su iniciativa criminal debido a la restricción nacional de la circulación terrestre y fluvial, y bajo estas circunstancias, se generó una ventana de oportunidad. Según John W. Kingdon, una ventana de oportunidad aparece cuando tres variables distintas convergen en un momento determinado para permitir la aparición de una estrategia específica, incidiendo así en la existencia de una amenaza determinada4. En el caso colombiano, la primera variable, el problema, eran las TCO; la segunda variable, la solución, era la estrategia de San Roque; y la tercera variable, el ambiente operacional, estaba influenciado por la pandemia del COVID-19 (véase la figura).

Foto: Twitter

Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), la ausencia de una sociedad dispersa y móvil durante la cuarentena ayudó al Gobierno colombiano a incrementar los esfuerzos de erradicación y, por lo tanto, a restringir el flujo normal de beneficios de las economías ilegales basadas en el narcotráfico en Colombia5. También permitió la captura y neutralización de múltiples objetivos de alto valor (OAV) de las TCO, así como la incautación de grandes cargamentos de cocaína. La vulnerabilidad de las diferentes amenazas híbridas y grupos narcoterroristas aumentó significativamente, ya que sus acciones criminales se hicieron más visibles al aislar y contener a la población civil. Durante la epidemia del COVID-19, el Comando Conjunto de Operaciones Especiales de Colombia desarrolló la misión de aumentar su esfuerzo operacional para aumentar la presión contra los puntos nodales de las redes criminales transnacionales, especialmente cuando se trata de neutralizar a los OAV. En otras palabras, mientras que casi ochenta mil integrantes de las Fuerzas Militares de Colombia estaban comprometidas con la contención del COVID-19, las Fuerzas Especiales se centraron en la detección y neutralización de los mandos delictivos (subjefes y otros miembros de rango intermedio, o caporegime) para debilitar la jerarquía organizativa de las principales TCO en Colombia6. La atención prestada a los OAV de nivel medio se debe a que la mayoría de los líderes de alto nivel estaban protegidos: el Ejército de Liberación Nacional (ELN) en Cuba, disidentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en Venezuela y grupos paramilitares de narcotraficantes Clan del Golfo y Caparros a lo largo de la frontera con Panamá7.

Foto: Policía Nacional de Colombia

La mayoría de los OAV se movían dos o tres veces al día para evitar ser detectados, pero esta técnica de localización y desplazamiento errático se convirtió en una vulnerabilidad durante los tiempos de confinamiento. Dos importantes delincuentes transnacionales, el narcotraficante serbio Dejan Stanimirovic y el colombiano José Rivera, se habrían matado el uno al otro tras la presión de las Fuerzas Especiales colombianas a finales de marzo, afectando así al cártel de los Balcanes, una organización criminal que traficaba cocaína colombiana a Europa, según la información proporcionada por Europol8. Luego, en agosto, Darío Úsuga Torres, conocido como «Pueblo», murió en una operación de ataque de precisión quirúrgica; Torres era un miembro clave del Clan del Golfo y primo de su líder, Dairo Antonio Úsuga, conocido como «Otoniel»9. La presión militar continuó, logrando la captura de más de treinta caporegimes clave, afectando así las finanzas ilegales de sus grupos criminales y sacándolos de su terreno conocido. El 25 de octubre, un pequeño destacamento de fuerzas especiales se infiltró en la selva occidental de Colombia y neutralizó al líder del ELN Andrés Felipe Vanegas, conocido como «Uriel»10.

Foto: Dirección de Sanidad Militar de Colombia
Foto cortesía del Ejército Nacional de Colombia

El 3 de noviembre, el presidente colombiano Iván Duque Márquez confirmó la muerte de Nelson Lerma Giraldo, conocido como «Mocho Leiber», líder de las disidentes de las FARC en el sur del país11. Y el 16 de noviembre fue abatido Emiliano Alcides Osorio, conocido como «Caín», máximo líder de la estructura criminal de los Caparros y uno de los más buscados en Colombia, lo que estableció firmemente el éxito de esta línea de acción12.

Aumentar los controles fronterizos

La tercera línea de esfuerzo, el aumento de los controles fronterizos, se dividió en tareas terrestres y marítimas. El control de las fronteras terrestres supuso un gran reto para las Fuerzas Militares de Colombia porque el país tiene 6342 kilómetros de fronteras terrestres con cinco países: Venezuela y Brasil al este, Ecuador y Perú al sur, y Panamá al noroeste. El predominio de la selva tropical agrava el problema, haciendo casi imposible que Colombia cierre completamente sus fronteras. Sobre el papel, Colombia puede prohibir el tránsito a través de sus pasos migratorios legales, pero en la práctica, los senderos ilegales y lugares remotos crean fronteras porosas. La pandemia del COVID-19 ha llevado a cada país a intentar aislarse del exterior, pero para Colombia, sus ambiguas y porosas fronteras son un factor de riesgo que ha sido aprovechado por distintas TCO.

El presidente de Colombia restringió la entrada y salida de ciudadanos y extranjeros al territorio colombiano desde marzo hasta septiembre de 2020. Sin embargo, la tasa de infecciones por COVID-19 en la región es alta, y Colombia está rodeada de países que han sido fundamentales para su propagación en Sudamérica durante esta pandemia. El 26 de febrero de 2021, Brasil se convirtió en el primer país de la región en notificar una infección por COVID-19 y, en el momento de la publicación del presente artículo, era el país más afectado por esta pandemia en Sudamérica, con el reto de controlar la propagación del virus en la región amazónica.

Por otra parte, el régimen de Maduro en Venezuela ha intentado convertir esta pandemia en una herramienta para desestabilizar la región. Este país afirmó ser inmune al COVID-19 ya que solo reporta menos de mil infectados y pocas muertes13. El régimen de Maduro llamó a los casi cuatro millones de migrantes y refugiados venezolanos a regresar a su país, garantizándoles servicios de salud y alimentación si apoyaban a Maduro en las próximas elecciones. En su regreso, Colombia era una parada obligatoria para muchos. La Policía Nacional de Colombia, con el apoyo de los transportes del Ejército Nacional, ha creado un corredor humanitario para trasladar a estos ciudadanos venezolanos hasta la frontera con Venezuela, cruzando Colombia en dos días, pero con estrictos protocolos de bioseguridad.

El tráfico en las carreteras del país estaba restringido y controlado de forma ordenada por batallones de caballería. Esto generó la incautación de más de cuarenta toneladas de cocaína durante el cierre del COVID-19, la interrupción de los precursores químicos para su fabricación, y la visualización en tiempo real de los diferentes corredores ilegales por los que las TCO están contrabandeando14. Esto sin duda está afectando negativamente a sus economías ilegales.

La segunda tarea fue el control de las fronteras marítimas. Desde el 20 de marzo, la Armada de Colombia ha incrementado su presencia en el océano Pacífico y en el mar Caribe para disuadir el tráfico ilegal y fortalecer la seguridad marítima, pero la tarea se hace compleja por las amplias fronteras marítimas de Colombia y su proximidad a Nicaragua, Costa Rica, República Dominicana, Haití, Honduras, Panamá, Venezuela y Jamaica en el mar Caribe; y a Ecuador, Panamá y Costa Rica en el océano Pacífico. Sin embargo, este esfuerzo se complementó con la Fuerza de Ataque del Corredor del Caribe (CCSF), una campaña multinacional que incorpora agencias de inteligencia, incluyendo la DEA, DHS, ICE, FBI, USCG, el Servicio de Alguaciles de Estados Unidos y las fuerzas armadas de países tales como Argentina, Belice, Brasil, Islas Caimán, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, El Salvador, Francia, Guatemala, Guyana, Honduras, Italia, Jamaica, México, Países Bajos, Nicaragua, Panamá, Perú, Portugal, España, Surinam, Trinidad y Tobago, Estados Unidos y Uruguay15. El despliegue de destructores, buques de combate y aviones de vigilancia de la Armada de EUA estaba previsto para apoyar una operación multinacional de lucha contra el narcotráfico. El 1 de abril de 2020, el presidente Donald Trump dijo sobre esta operación: «A medida que los Gobiernos y naciones se centran en el coronavirus, existe una amenaza creciente de que los cárteles, criminales, terroristas y otros actores malignos traten de explotar la situación para su propio beneficio»16.

Dar apoyo total a la autoridad civil

Las fuerzas armadas colombianas son las primeras en responder en su país en tiempos de crisis y desastres naturales. Durante la pandemia del COVID-19, los militares han sido clave para mantener el orden, evitar los saqueos y garantizar que la población permanezca en sus casas para evitar la propagación del virus. La primera respuesta al virus por parte de las fuerzas armadas colombianas se produjo el 15 de febrero de 2020, cuando el presidente colombiano ordenó la evacuación humanitaria inmediata de catorce estudiantes universitarios aislados en la ciudad de Wuhan, China. La Fuerza Aérea Colombiana, apoyada por personal médico, planificó y ejecutó esta operación utilizando un avión Boeing 767. La operación finalizó con éxito el 28 de febrero sin que ninguno de los estudiantes, tripulantes o médicos presentaran infección por COVID-19.

Foto del autor
Foto: Teniente coronel Danilo Fernández, 3er Batallón de Fuerzas Especiales de Colombia

El 23 de marzo, el presidente emitió un decreto que ordenaba una cuarentena nacional obligatoria. La Policía Nacional estaba autorizada a detener a quienes no cumplieran esta medida e imponer multas de aproximadamente US$ 300, y la policía de carreteras tenía la función de controlar la movilidad en las principales carreteras. Además, el Ejército Nacional de Colombia desplegó sus unidades regulares (incluyendo la policía militar, infantería, caballería y artillería) de aproximadamente 150 000 soldados para apoyar la misión de la policía en los pueblos y las carreteras secundarias y terciarias. Los ingenieros militares, con grupos de respuesta QBRN y asistidos por médicos militares y paramédicos de combate, construyeron hospitales de campaña. A principios de abril, los equipos QBRN iniciaron una campaña nacional de desinfección de estaciones de autobuses, metros, aeropuertos, centros comerciales y hospitales. La clave de este despliegue fue mostrar pleno respeto por los derechos humanos y comprender el nivel de estrés de la población civil. Esta reducción de las libertades fue muy dura para una sociedad democrática, pero era la única manera de controlar el crecimiento exponencial del virus COVID-19.

Foto: Raúl Arboleda, Agence France-Presse
Foto: Fuerzas Militares de Colombia

Conclusión

Aunque está claro que nadie estaba preparado para esta pandemia, la mayoría de los Gobiernos estaban tomando decisiones para contener el COVID-19, y las fuerzas militares eran componentes fundamentales para hacer frente a esta amenaza biológica. La restricción de libertades en tiempos de globalización e interconexión internacional era difícil pero necesaria, y la única forma de garantizar el cumplimiento de esas restricciones era a través de los soldados y la policía.

Se pueden extraer tres conclusiones de esta situación. En primer lugar, en 2019 se produjo una oleada global de protestas en Irán, Hong Kong, Francia, Cataluña, Chile, Bolivia, Ecuador y Colombia, creando una fractura en la confianza entre las poblaciones civiles de esos países y sus fuerzas policiales y militares. Sin embargo, hoy en día se aplaude y apoya a los soldados y policías de todo el mundo, ya que, junto con los médicos y enfermeras, están en primera línea de la lucha contra el COVID-19, y arriesgan su salud a diario para garantizar el bienestar de su sociedad. Esta credibilidad y apoyo deben mantenerse, pero esto solo se conseguirá evitando el uso de la fuerza para controlar a la población en la medida de lo posible durante esta cuarentena. En la actualidad, una abrumadora mayoría de ciudadanos de todo el mundo entiende la necesidad del aislamiento.

En segundo lugar, el aislamiento social está creando condiciones únicas que separan a los ciudadanos de las diferentes amenazas híbridas que normalmente se mezclan con la sociedad civil para evitar la justicia. Como consecuencia, el control y las patrullas continuas en las ciudades, en las carreteras y autopistas y a lo largo de las fronteras están haciendo que los lugares y las personas clave dentro de las TCO sean incómodos y visibles para la policía y las fuerzas militares para su neutralización.

En tercer lugar, los comandantes de las fuerzas especiales deben comprender que fenómenos como las pandemias, catástrofes naturales y otras situaciones de emergencia siempre presentarán ventanas de oportunidad para degradar de forma única a las organizaciones criminales, y deben presionar para que las diferentes agencias de inteligencia intensifiquen la búsqueda de objetivos de alto valor. Además, los líderes políticos deben autorizar la neutralización de estos objetivos antes de que se cierre esta ventana de oportunidad. Es el momento de ser proactivos y no reactivos contra las organizaciones criminales transnacionales.


Notas

  1. «WHO Statement on Cases of COVID-19 Surpassing 100,000», World Health Organization, 7 de marzo de 2020, accedido 31 de diciembre de 2020, https://www.who.int/news/item/07-03-2020-who-statement-on-cases-of-covid-19-surpassing-100-000.
  2. Alasdair Sandford, «Coronavirus: Half of Humanity Now on Lockdown as 90 Countries Call for Confinement», euronews, 3 de abril de 2020, accedido 25 de enero de 2021, https://www.euronews.com/2020/04/02/coronavirus-in-europe-spain-s-death-toll-hits-10-000-after-record-950-new-deaths-in-24-hou.
  3. David Galula, Counterinsurgency Warfare: Theory and Practice (Westport, CT: Praeger Security International, 2006), 54.
  4. John W. Kingdon, Agendas, Alternatives, and Public Policies, 2ª ed. (Glenview, IL: Pearson, 2011), 20–22.
  5. United Nations Office on Drugs and Crime (UNODC), COVID-19 and the Drug Supply Chain: from Production and Trafficking to Use (Viena: UNODC Research and Trend Analysis Branch, 2020), accedido 25 de enero de 2021, https://www.unodc.org/documents/data-and-analysis/covid/Covid-19-and-drug-supply-chain-Mai2020.pdf.
  6. Myriam Ortega, «Despite Coronavirus, Narcotrafficking Fight in Colombia Continues», Diálogo, 17 de abril de 2020, accedido 31 de diciembre de 2020, https://dialogo-americas.com/articles/despite-coronavirus-narcotrafficking-fight-in-colombia-continues; «U.S. Says Cuba Is Not Cooperating Fully on Counterterrorism», U.S. News & World Report, 13 de mayo de 2020, accedido 31 de diciembre de 2020, https://www.usnews.com/news/world/articles/2020-05-13/us-says-cuba-is-not-cooperating-fully-on-counterterrorism.
  7. Noelani Kirschner, «Maduro Welcomes Terrorist Groups to Venezuela, Says Report», Embajada de EUA en Georgia, 5 de agosto de 2020, accedido 31 de diciembre de 2020, https://ge.usembassy.gov/maduro-welcomes-terrorist-groups-to-venezuela-says-report/.
  8. «El paramilitar y el capo de los Balcanes», Semana (sitio web), 4 de abril de 2020, accedido 31 de diciembre de 2020, https://www.semana.com/nacion/articulo/el-paramilitar-y-el-capo-de-los-balcanes/661406.
  9. «Neutralizado alias Pueblo, tercer cabecilla del Clan del Golfo», Semana (sitio web), 14 de agosto de 2020, accedido 4 de enero de 2020, https://www.semana.com/nacion/articulo/neutralizado-alias-pueblo-cabecilla-del-clan-del-golfo/694177/.
  10. «Colombian Rebel Leader Uriel Killed by Security Forces, President Says», The Guardian (sitio web), 25 de octubre de 2020, accedido 4 de enero de 2021, https://www.theguardian.com/world/2020/oct/26/colombian-rebel-leader-uriel-killed-by-security-forces-president-says.
  11. «La muerte de ‘Nelson Lerma Giraldo’, duro golpe militar a las disidencias de las FARC», El Home Noticias, 4 de noviembre de 2020, accedido 4 de enero de 2021, https://www.elhomenoticias.com/regionales-en-el-home/la-muerte-de-nelson-lerma-giraldo-duro-golpe-militar-a-las-disidencias-de-las-farc/.
  12. «Murió en combate alias Caín, máximo líder de Los Caparros», El Espectador (sitio web), 16 de noviembre de 2020, accedido 4 de enero de 2021, https://www.elespectador.com/noticias/judicial/en-combate-fue-abatido-alias-cain-maximo-cabecilla-de-los-caparros/.
  13. «Venezuela’s Official Virus Data Is “Absurd”: HRW and Johns Hopkins», France24, 27 de mayo de 2020, accedido 4 de enero de 2021, https://www.france24.com/en/20200526-venezuela-s-official-virus-data-is-absurd-hrw-and-johns-hopkins; «WHO Coronavirus (COVID-19) Dashboard», World Health Organization, 2020, accedido 31 de diciembre de 2020, https://covid19.who.int.
  14. Ortega, «Despite Coronavirus, Narcotrafficking Fight in Colombia Continues».
  15. Myriam Ortega, «Campaign Orion V Deals Hard Blow to Narcotrafficking», Diálogo, 30 de junio de 2020, accedido 4 de enero de 2021, https://dialogo-americas.com/articles/campaign-orion-v-deals-hard-blow-to-narcotrafficking/.
  16. Joshua Goodman, «Trump Administration to Deploy Anti-Drug Navy Ships Near Venezuela», Síntesis de Prensa Internacional, 4 de enero de 2020, accedido 31 de diciembre de 2020, http://carga.prensainternacional.mrecic.gov.ar/trump-administration-deploy-anti-drug-navy-ships-near-venezuela.

El teniente coronel (retirado) Jeferson Guarin, Ejército Nacional de Colombia, es licenciado en Ciencias Militares por la Escuela Militar José María Córdova de Bogotá (Colombia). Tiene una maestría en Policía, Inteligencia y Contraterrorismo por la Universidad Macquarie de Sydney-Australia y una maestría en Seguridad y Defensa por la Escuela Superior de Guerra de Colombia. Durante su carrera, sirvió en el 36º Batallón de Infantería «Cazadores», en la 25ª Brigada de Aviación y en la División de Fuerzas Especiales del Ejército Nacional de Colombia como oficial de planificación estratégica. Es autor del Manual de Campaña MCE 3-18, Operaciones de Fuerzas Especiales, del Ejército Nacional. Su formación militar incluye el curso de Lancero, Paracaidista en Caída Libre, Comando Terrestre y piloto militar de helicóptero y ala fija.

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