Military Review Edición Hispanoamericana Revista Profesional del Ejército de Estados Unidos

 

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Segundo Trimestre 2022

La cultura y la planificación

La importancia de proteger los bienes culturales en los ejercicios multidominio a gran escala

Scott M. Edmondson, Ph
Patricia L. Fogarty, PhD*
Elizabeth L. B. Peifer, PhD

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U.S. Committee of the Blue Shield

En las últimas décadas, Estados Unidos ha demostrado claramente el poderío de sus fuerzas armadas. Dada una formación técnica de primera clase y armamento avanzado, el ejército estadounidense es probablemente uno de los mejores del mundo. Sin embargo, a pesar de este abrumador dominio militar, las fuerzas estadounidenses han tenido dificultades para establecer una paz duradera en regiones donde han derrotado insurgencias. Uno de los factores que ha contribuido a este problema es la falta de comprensión cultural, o lo que H. R. McMaster llama «narcisismo estratégico»1. Aunque se han producido muchos avances en este frente desde 2005, el entrenamiento cultural sigue siendo un desafío para el personal militar de todas las ramas de las fuerzas armadas2. Muchas veces este entrenamiento tampoco queda reflejado en la planificación y en las operaciones militares. Por lo tanto, proponemos un enfoque diferente, tanto en el método como en el contenido, que vaya más allá del aula o de las diapositivas de PowerPoint. Incorporar escenarios de protección de bienes culturales como parte de los retos habituales que los soldados encuentran en los ejercicios es una forma eficaz de integrar la comprensión cultural en las operaciones militares. El Ejercicio de Evaluación de Guerra Conjunta/Bandera Azul de 2018 constituye un buen ejemplo de ello3. Creemos que, al incorporar la protección de bienes culturales en los entrenamientos, los soldados estarán preparados para proporcionar a los comandantes con recomendaciones útiles sobre cómo aplicar conceptos culturales para aumentar la conciencia situacional y alcanzar objetivos estratégicos, como también recopilar más información relevante.

¿Por qué es importante la protección de bienes culturales?

Los grandes pensadores militares, desde Sun Tzu hasta Tucídides y Carl von Clausewitz, se dieron cuenta de la importancia del patrimonio cultural en la guerra, especialmente en lo que respecta a la moral y la voluntad. Además de la sabia frase «Conoce a tu enemigo», la guerra de maniobras de Sun Tzu exhortaba a la moderación y la «preservación por encima de la destrucción»4. Tucídides demostró los peligros de adoptar un enfoque en el que «el fin justifica los medios»5. Asimismo, Clausewitz, en su trinidad paradójica, comprendió la importancia de la pasión y la voluntad6. Cuanto más el pueblo sienta la guerra, más violenta esta se volverá. Mientras que algunos teóricos modernos del poder aéreo, como Giulio Douhet, han argumentado que la destrucción de ciudades y bienes culturales quebrantaría la moral del adversario, hay pruebas contradictorias que sugieren que, en realidad, puede reforzar la determinación del adversario y escalar el conflicto al suponer una amenaza existencial para la identidad cultural7.

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Es de vital importancia tener en cuenta las consideraciones estratégicas que van más allá de las obligaciones estrictamente legales. La estrategia define el uso de medios y formas para alcanzar un fin deseado. Ese fin es casi siempre político.

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Los esfuerzos contemporáneos con respecto la protección de bienes culturales tienen su origen en los conocidos «Monuments Men» (Hombres de los monumentos) de la Segunda Guerra Mundial. Conocido oficialmente como el Programa de Monumentos, Bellas Artes y Archivos, el grupo estaba conformado por un plantel internacional de expertos determinados a buscar y proteger las obras de arte amenazadas durante la guerra. El programa estaba bajo la dirección de Asuntos Civiles y Gobiernos Militares de los ejércitos aliados. En la actualidad, la sección de Asuntos Civiles del Ejército de EUA, en colaboración con la Iniciativa de Rescate Cultural del Museo Smithsonian, intenta mantener la tradición de los Monuments Men proporcionando entrenamiento cultural a los soldados8.

La protección de bienes culturales ha recibido atención recientemente por el conflicto en Iraq y por los grandes daños al sitio arqueológico y al museo de Palmira en Siria. Sin embargo, solo un puñado de personal militar estadounidense con la formación adecuada se ha desplegado para apoyar los esfuerzos de protección en el transcurso de las guerras libradas desde 20019.

Acuerdos internacionales sobre la preservación de la cultura en tiempos de guerra

El apoyo internacional a la protección de bienes culturales se deriva, en términos generales, del derecho de los conflictos armados y, más concretamente, de la Convención de La Haya de 1954 para la Protección de Bienes Culturales en caso de Conflicto Armado y su Segundo Protocolo (en adelante, Convención de La Haya de 1954)10. Estos instrumentos se ven reforzados por la labor del Comité Internacional del Escudo Azul y sus ramas nacionales11. La Convención de La Haya de 1954 y su Primer Protocolo exigen a los «Estados Parte» (los países que la ratifican) que protejan los elementos muebles e inmuebles de los bienes culturales en todo momento durante los periodos de paz y de conflicto, y comprometen a los ejércitos de los países miembro a impartir formación en materia de protección cultural en tiempos de paz. La función del Escudo Azul y de sus comités nacionales es llevar a cabo la labor descrita en la Convención de La Haya de 1954. Por ejemplo, junto con una red asociada de profesionales del patrimonio, el Comité Estadounidense del Escudo Azul participó en la protección de bienes culturales durante la campaña aérea de la OTAN en Libia en 2011 recopilando una lista de sitios culturales y difundiéndola entre los socios militares12.

Sin embargo, en el fragor de la batalla, la protección de bienes culturales podría dificultar el proceso de selección de objetivos. Como resultado —táctica y operacionalmente—, los responsables del proceso de selección de objetivos podrían tomar la decisión más fácil para justificar la acción (o la inacción) por motivos de «necesidad militar», una disposición permitida bajo los parámetros legales de la Convención de La Haya de 1954 y el derecho de los conflictos armados13. Sin embargo, tal curso de acción podría resultar tanto miope como perjudicial para la misión desde un punto de vista más amplio. Es de vital importancia tener en cuenta las consideraciones estratégicas que van más allá de las obligaciones estrictamente legales. La estrategia define el uso de medios y formas para alcanzar un fin deseado. Ese fin es casi siempre político. Por lo tanto, los planes tácticos, operacionales y estratégicos deben coordinarse de forma holística, y la forma en que se libra la guerra debe apoyar, no socavar, los objetivos políticos cuando sea aplicable14.

Numerosas experiencias recientes han demostrado cómo las acciones culturalmente ofensivas a nivel táctico y operacional pueden influir profundamente en la consecución de objetivos estratégicos (por ejemplo, la fuerte reacción nacional, internacional y regional a los abusos en Abu Ghraib, el saqueo del museo de Bagdad y el desembarco de las fuerzas estadounidenses en el yacimiento arqueológico de Babilonia)15. Por consiguiente, los impactos de las posibles afrentas y sensibilidades culturales deben anticiparse en la medida de lo posible.

En primer lugar se encuentra la opinión pública internacional y la necesidad de difundir mensajes estratégicos. Poner en peligro o causar daños a los bienes culturales de las naciones anfitrionas por descuido o negligencia puede dar lugar a problemas de protección de la fuerza y arriesgar las alianzas y asociaciones tanto a nivel regional como mundial.

En segundo lugar, a nivel práctico, los adversarios podrían usar los tesoros culturales para financiar sus actividades, ya que los artefactos saqueados suelen generar fondos mediante su venta en el lucrativo mercado negro de antigüedades16.

En tercer lugar, la destrucción de monumentos culturales, intencionada o no, puede complicar enormemente los esfuerzos de paz e intensificar el conflicto17.

En cuarto lugar, muchos países obtienen grandes beneficios del turismo de monumentos, museos, reservas naturales y lugares arquitectónicos importantes. Su destrucción puede retrasar la recuperación económica y la reconciliación social después del conflicto porque se ha cortado una importante fuente de financiación local y nacional, lo que dificulta los esfuerzos de estabilización y hace más difícil «ganar la paz»18.

Desgraciadamente, las conversaciones mantenidas con el personal militar estadounidense durante los últimos cuatro años revelaron que pocos habían oído hablar de la Convención de La Haya de 1954 o del Escudo Azul. Sin embargo, la mayoría era consciente de los casos más destacados de destrucción de bienes culturales, estaba deseosa de proteger el patrimonio cultural en la medida de lo posible y apreciaba los efectos positivos de dichas acciones. También expresaron su frustración ante algunos aspectos de la protección de bienes culturales, como cuando los adversarios utilizan sitios culturales importantes como escudos o la gran cantidad de recursos y esfuerzos necesarios para proteger, por ejemplo, museos nacionales y colecciones.

Muchos militares pueden considerar que este último dilema es responsabilidad del Departamento de Estado, organizaciones no gubernamentales o el gobierno del país anfitrión. Sin embargo, estas otras entidades «no tienen armas» y no pueden actuar en conflictos sin la seguridad que proporcionan los militares. Dicho esto, lo que debe quedar claro es que, tanto por la naturaleza cambiante de la actividad militar como por nuestras responsabilidades como signatarios de la Convención de La Haya de 1954, los aviadores y sus socios conjuntos deben estar preparados para abordar los dilemas del patrimonio cultural en el ambiente operacional.

El desafío de educar a la fuerza

Como profesores de educación militar profesional en el Centro de Cultura y Lenguaje de la Fuerza Aérea, aceptamos la educación y la formación con respecto a la protección de bienes culturales como parte de nuestra misión, especialmente en ausencia de unidades o programas de formación sobre el tema. Sin embargo, somos conscientes de los beneficios marginales que pueden derivarse de conferencias esporádicas, vídeos o entrenamiento por computadora, así como de la creciente carga de requisitos de entrenamiento obligatorio cada vez mayores. La investigación y la práctica de otros ejércitos y ramas militares indican que, para tener éxito en la protección de bienes culturales, es necesario incorporarla en las fases de planificación, ejecución y análisis de operaciones19. Además, para parafrasear a George S. Patton, la fuerza necesita «entrenar como lucha». Dado que la protección de bienes culturales desempeña un papel fundamental en los niveles táctico, operacional y estratégico de la guerra, debemos preparar a los aviadores para este tipo de escenario en todos los niveles mencionados y no de forma abstracta. Los dilemas que la protección de bienes culturales representa pueden servir como recordatorio concreto de la importancia duradera del dominio humano, un dominio crítico que debe ser considerado durante los ejercicios y la planificación de operaciones multidominio.

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Teníamos un equipo que combinaba conocimientos profesionales en Antropología, Historia, Historia del Arte, Estudios Museísticos, Estudios Europeos, Ejercicios y Juegos de Guerra, Toma de Decisiones Militares Estratégicas y Derecho Internacional relativo al Patrimonio Cultural.

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Primeros pasos

Con una idea clara de lo que queríamos conseguir, el Centro de Cultura y Lenguaje de la Fuerza Aérea se puso en contacto con el 505o Escuadrón de Entrenamiento de Combate (EEC) en Hurlburt Field, Florida. El comandante del 505o EEC sugirió el ejercicio de Bandera Azul como un ejercicio ideal para incorporar escenarios de protección de bienes culturales y nos instó a colaborar proporcionando contenido realista y rico que desafiara a los soldados y los hiciera pensar en el ambiente operacional (más allá de las pantallas y los monitores), así como en las tareas que debían realizar20. Como uno de los muchos ejercicios que coordina el 505o EEC, el Bandera Azul es un ejercicio a nivel operacional para los centros de operaciones aéreas y espaciales que se realiza anualmente con diferentes comandos combatientes geográficos. En 2018, el primer año en que el Centro de Cultura y Lenguaje de la Fuerza Aérea participó, el Ejercicio de Evaluación de Guerra Conjunta del Ejército se realizó simultáneamente junto con el ejercicio de Bandera Azul, dando lugar al Ejercicio de Evaluación de Guerra Conjunta/Bandera Azul de 2018 (conocido por sus siglas en inglés como BF/JWA 18-1).

En las maniobras participaron aproximadamente 5500 efectivos de Estados Unidos y de la coalición. Entre los participantes figuraban personal del 603o Centro de Operaciones Aéreas y Espaciales, de 6 comandos del Ejército, de la 3a Flota de la Armada y del Comando de Operaciones Especiales del Ejército21. El escenario del ejercicio consistía en un ataque a un aliado de la OTAN en Europa, lo cual activaría el Artículo 5 del Tratado de Washington. El principal objetivo era practicar el mando y control multidominio y «luchar como una división única, cohesionada y multinacional contra un adversario con capacidades similares... para fomentar la interoperabilidad y… las operaciones multidominio»22.

Preparación para incorporar los escenarios culturales

La implementación efectiva de escenarios culturales en un ejercicio multidominio requiere una preparación cuidadosa, particularmente en la elección del personal apropiado, conocimiento del área de operaciones y escenarios plausibles. Reunimos un equipo con experiencia diversa y lo suficientemente grande como para apoyar la implementación de escenarios a través de múltiples vías. Nuestro equipo estaba conformado por 5 civiles: 4 del Departamento de Defensa (incluyendo un coronel retirado de la Fuerza Aérea) y el Dr. Paul Fox, del Comité del Escudo Azul en el Reino Unido, también coronel retirado del ejército británico con un doctorado en Historia y Cultura Visual. Teníamos un equipo que combinaba conocimientos profesionales en Antropología, Historia, Historia del Arte, Estudios Museísticos, Estudios Europeos, Ejercicios y Juegos de Guerra, Toma de Decisiones Militares Estratégicas y Derecho Internacional relativo al Patrimonio Cultural. Esta amplia experiencia teórica, regional y práctica era necesaria para apoyar un ejercicio en el que participaban «162 organizaciones que representaban a los ejércitos de Estados Unidos y 9 socios de la Organización del Tratado del Atlántico Norte»23.

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Exploramos cómo los sitios de importancia nacional y local pueden ser disputados por diferentes grupos etnolingüísticos y nacionales.

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Una de las ventajas de contar con un equipo amplio y diverso con experiencia militar se hizo evidente cuando notamos que los soldados de la Fuerza Aérea no serían ubicados con los controladores del ejercicio. La situación requería que alguien con conocimientos de los centros de operaciones aéreas y espaciales observara al personal de la Fuerza Aérea y transmitiera lo que estaba ocurriendo al resto del equipo. Podíamos seguir las acciones de los soldados desde el cuartel general del ejercicio, pero queríamos ser capaces de seguir su proceso de toma de decisiones, lo cual es esencial para entender cómo tiene lugar la protección de bienes culturales.

En el año anterior al ejercicio, los miembros del equipo asistieron a conferencias de planificación para facilitar la colaboración con los responsables del ejercicio y estudiaron el área de operaciones. Diseñar un entrenamiento de protección de bienes culturales realista, verosímil y eficaz requiere un conocimiento específico de la cultura de la región y una firme comprensión de los diferentes escenarios en el ejercicio. Con el apoyo del Centro de Cultura y Lenguaje de la Fuerza Aérea, los autores visitaron la región para familiarizarse con la geografía y el contexto cultural. El estudio del terreno incluyó la visita a unos 20 lugares culturales reconocidos internacional o localmente, desde lugares clasificados como patrimonio de la humanidad por la UNESCO hasta museos locales pequeños; reservas naturales hasta barrios históricos; y destinos de peregrinación religiosa que van desde catedrales hasta pequeños santuarios24. También se sostuvo conversaciones con profesionales del patrimonio nacional y local, y la diversidad de nuestras formaciones académicas fomentó un enfoque interdisciplinario de la región. Aunque reconocemos que una breve visita al lugar no puede sustituir un estudio etnográfico de largo plazo, la experiencia de primera mano del área de operaciones fue de gran valor para ampliar nuestro conocimiento del patrimonio cultural tangible e intangible y de las identidades culturales entrelazadas de la gente de la región, lo que dio lugar a la creación de escenarios de entrenamiento más realistas. Por ejemplo, exploramos cómo los sitios de importancia nacional y local pueden ser disputados por diferentes grupos etnolingüísticos y nacionales. En tiempos de conflicto, estos lugares podrían ser utilizados por un adversario para generar efectos tácticos, operacionales y estratégicos. Parte de nuestra misión es preparar a los aviadores para que se anticipen a esas posibilidades y las contrarresten con respuestas adecuadas.

El estudio del terreno fue crucial para que el equipo pudiera crear escenarios de entrenamiento verosímiles. La visita en persona permitió realizar observaciones y anotar detalles de lugares importantes en la región que, de otro modo, podrían haber sido reducidos a simples puntos en un mapa y puso de relieve elementos más sutiles como la inestabilidad estructural o la proximidad a otras infraestructuras. A partir de esta investigación, diseñamos 7 escenarios de entrenamiento de protección de bienes culturales25. Entre estos figuran la recuperación de tesoros nacionales saqueados; la colocación de radares (antenas en fase), inhibidores de GPS y otros objetivos «tentadores» en sitios culturales sensibles; y un ataque de bandera falsa en un sitio significativo. A pesar de la gran importancia religiosa y nacional para el país anfitrión, el carácter temporal de este último sitio impidió su inclusión en las listas de no ataque, creó un punto ciego para nuestro personal y acabó siendo elevado a la consideración del nivel de mando justo al comenzar el ejercicio.

En otra ocasión, recomendamos que los controladores del Equipo Rojo colocaran un radar en la cima de una colina en la que se encontraba una estructura del siglo XV y un monumento nacional26. Las imágenes por satélite sugerían que las municiones de precisión podrían eliminar el objetivo enemigo de forma segura y preservar la estructura histórica, pero nuestra visita al lugar reveló debilidades estructurales que no aparecían en las fotos por satélite. Cualquier ataque corría el riesgo de dañar gravemente no solo la estructura de la colina, sino también varios sitios y artefactos circundantes de importancia nacional e internacional, lo que podría poner en peligro las relaciones con los socios de la coalición. Al basarse en la historia y la cultura reales del área de operaciones, la especificidad de los escenarios de entrenamiento añadía realismo y aumentaba su valor formativo. A diferencia de lugares ficticios o genéricos, o de los extraídos de una base de datos sin el contexto necesario para comprender lo que representan, los ejemplos específicos demostraron la complejidad del mundo real a la hora de tomar decisiones y sopesar el «valor» relativo (estratégico) de la eliminación de un objetivo frente a la posible repercusión de la destrucción de un lugar o artefacto concreto, incluso si se determina que es legal y de necesidad militar. Estos elementos contribuyen a reforzar el concepto de que el combate no se produce en el vacío, sino en un espacio habitado por personas reales con sus propias y complejas culturas e historias, y debe tenerse en cuenta en la planificación operacional. Una segunda ventaja de la visita al área de operaciones fue que las observaciones permitieron responder de forma flexible a los cambios que surgieron durante las tres semanas de maniobras.

La curva de aprendizaje de los académicos

La segunda parte de nuestra preparación consistió en aprender sobre los escenarios de entrenamiento, el proceso de planificación y los programas informáticos utilizados por los controladores del ejercicio. Como académicos, teníamos mucho que aprender sobre los guiones gráficos, los plazos, los objetivos de entrenamiento y los soldados que participarían antes de crear escenarios creíbles y útiles que serían incorporados a medida que se desarrollaba el ejercicio.

Los restos de una batería de defensa antiaérea libia se encuentran a la sombra de un antiguo fuerte romano, el 29 de septiembre de 2011, después de haber sido destruida por ataques precisos de la OTAN en Ras Almargib, Libia. Cinco baterías de defensa aérea que defendían una instalación de radar fueron destruidas con pocos daños para el sitio arqueológico. (Foto: Dr. Joris D. Kila)

Protección exitosa de los bienes culturales en Libia

Durante la campaña de bombardeos de la OTAN contra Libia del 19 de marzo al 31 de octubre de 2011, las fuerzas de Muammar Gaddafi colocaron una estación de radar en la cima de una colina cerca de Leptis Magna, los restos de un antiguo fuerte romano cerca de la ciudad de Khums, Libia, ahora llamada Ras Almergib. La estación de radar estaba protegida por un círculo de 5 baterías antiaéreas, situadas junto a las murallas romanas que aún se mantienen en pie y que varían de 2 a 3 metros de altura. Cuando el equipo de emergencia cultural visitó el lugar el 29 de septiembre de 2011, encontró 6 montones de basura metálica. Todas las instalaciones militares habían sido completamente destruidas, pero las murallas romanas y las bóvedas situadas junto a las armas antiaéreas tenían pocos daños visibles, más allá de pequeños arañazos superficiales causados obviamente por trozos de metralla de las municiones que habían destruido la batería antiaérea. Los arqueólogos locales que acompañaban al equipo consideraron la visita a la cima un gran momento, ya que era la primera vez que acudían a este lugar, cuyo acceso estaba estrictamente prohibido bajo el antiguo régimen. La ubicación del lugar fue transmitida a los planificadores de la OTAN. El caso de Ras Almergib demostró que la OTAN era capaz de ejecutar bombardeos de precisión cuando bienes culturales estaban en juego. Este caso demuestra la importancia de proporcionar las coordenadas cartográficas para limitar los daños en caso de futuras operaciones de este tipo. (Viñeta facilitada por el Dr. Joris D. Kila, The Hague, 6 de octubre de 2021)

Visitar el terreno y otras investigaciones permitieron anticipar situaciones en las que la protección de bienes culturales podría convertirse en un factor importante de las maniobras, pero nuestros escenarios debían alinearse con el flujo del ejercicio más amplio y proporcionar oportunidades para practicar habilidades o procesos específicos. Para ello, los miembros de nuestro equipo asistieron en la planificación del ejercicio27. El objetivo general del ejercicio era practicar la interoperabilidad multidominio en un conflicto entre adversarios con capacidades similares, por lo que cada escenario de entrenamiento vinculado a la protección de bienes culturales tenía que ejecutarse en base a ello, con ciertos grupos realizando funciones específicas en operaciones aéreas y terrestres28. La clave de este proceso fue determinar qué grupo entrenado (por ejemplo, Auditoría General, asuntos civiles, asuntos públicos, seleccionador de objetivos o mandos superiores) queríamos que respondiera a un escenario específico y qué queríamos que hiciera en términos de acciones concretas que fueran más allá del conocimiento abstracto o general de los conceptos. Entre las acciones apropiadas figuran recomendar un objetivo a la cadena de mando, solicitar imágenes satelitales, planificar el movimiento de tropas para evitar lugares vulnerables y contrarrestar información falsa de destrucción de propiedades.

Nuestro mandato (en consonancia con nuestro propósito de hacer que el personal pensara en la protección de bienes culturales al planificar las operaciones) no consistía en crear nuevos objetivos de entrenamiento, sino en integrar la cultura en los existentes. Mientras más vinculada estuviera la cultura a los objetivos de entrenamiento del comandante, a los requisitos de la fuerza contraria o al escenario, más probable sería que fuera incorporada como objetivo de entrenamiento. Los escenarios de protección de bienes culturales bien elaborados y preparados de antemano para satisfacer objetivos de entrenamiento concretos ayudaron a convencer a aquellos renuentes a incorporarlos. También demostraron cómo la protección cultural podía integrarse en las maniobras para mejorar los principales objetivos de entrenamiento en lugar de socavarlos.

Gran parte de nuestra coordinación y planificación tuvo lugar con el 505º EEC antes del ejercicio, por lo que nuestras conversaciones estaban relacionadas principalmente con las operaciones aéreas. Si bien hubo algunas conversaciones introductorias al principio, por lo general, la coordinación con el Ejército de EUA, los socios internacionales y los participantes en el ejercicio tuvo lugar en el Área de Entrenamiento de Grafenwoehr (cuartel general del ejercicio en la Guarnición del Ejército en Baviera) en los días inmediatamente anteriores al inicio de las maniobras y durante las mismas.

Esto llevó a otra curva de aprendizaje sobre el enfoque del Ejército con respecto al ejercicio, la coordinación aeroterrestre y la participación de los socios internacionales. En resumen, mantenerse al día sobre «quién estaba haciendo qué, dónde, cuándo, cómo y por qué» supuso un reto de enormes proporciones. Por ejemplo, durante las reuniones de planificación, se determinó que una sección específica del área de operaciones debía limitarse a la fase inicial de preparación del ejercicio, la cual estaba prevista a acabar antes de incorporar el primer escenario de protección de bienes culturales en el lugar. Sin embargo, el área fue utilizada mucho más tiempo de lo anticipado y, por lo tanto, carecíamos de escenarios de entrenamiento apropiados para ella. También no sabíamos de la ausencia de ciertos grupos de participantes esenciales para algunos escenarios de entrenamiento de protección de bienes culturales. Por lo tanto, a pesar de nuestros mejores esfuerzos para llegar preparados, llegamos a Grafenwoehr con mucho que aprender sobre la naturaleza combinada y conjunta del ejercicio.

Ejecución del ejercicio

Nuestra preparación nos permitió adaptarnos y responder a situaciones nuevas y a las necesidades cambiantes de los controladores a lo largo de las tres semanas del ejercicio. El hecho de contar con varios miembros del equipo con diferentes conocimientos especializados nos sirvió en múltiples frentes. Los escenarios de entrenamiento de protección de bienes culturales requieren una coordinación con diversos grupos de controladores y participantes. Por ejemplo, trabajamos con los controladores del Equipo Rojo para garantizar que los escenarios se ajustaran al entrenamiento, con la célula de respuesta aérea del Equipo Azul para hacer un seguimiento de las acciones del personal de la Fuerza Aérea, con los grupos de medios de comunicación rojos y azules para transmitir el impacto de la protección de bienes culturales en la opinión pública, con la célula de inteligencia para generar imágenes e informes, con asuntos públicos para conseguir aprobar información que necesitaba ser divulgada a los participantes del entrenamiento y con el personal de Auditoría General, tanto en el mando superior como en el terreno, para coordinar el asesoramiento jurídico en materia de protección de bienes culturales. Nos reunimos con los distintos grupos diariamente, a veces de forma simultánea, y para mantenernos relevantes era necesario coordinar con todos ellos. Con 4 miembros de nuestro equipo en el cuartel general del ejercicio, a veces no contábamos con el personal suficiente para simplemente asistir a las reuniones y mucho menos para trabajar en profundidad con todos ellos.

Contar con miembros con diferente formación académica y laboral en el equipo nos ayudó a cerrar la brecha entre los enfoques militar y civil con respecto a la protección de bienes culturales. La experiencia militar del Dr. Paul Fox y su participación en la comunidad de protección cultural resultaron especialmente valiosos. Tener varios miembros también nos permitió dividir las tareas en función de nuestras especialidades. Fox colaboró con Auditoría General y se aseguró de que se utilizara el lenguaje correcto de la Convención de La Haya de 1954 al hablar de los Estados Parte y sus delegados, derechos y responsabilidades. Nuestro historiador europeo se destacó en la redacción de noticias e «informes de inteligencia» que influyeron en las acciones de los soldados en el entrenamiento. Otros también redactaron comunicados de prensa y material de apoyo, como también actualizaron y siguieron lo que acontecía a través de programas informáticos y sitios web. Todos asistimos a las reuniones periódicas de los distintos comités y respondimos las solicitudes de información cuando el personal entrenado se ponía en contacto con nosotros. Se vio bastante de lo anterior porque fuerzas conjuntas y combinadas participaron, con el Ejército y la Fuerza Aérea de EUA controlando diferentes elementos del ejercicio y con socios de la coalición también involucrados.

Al llegar al cuartel general del ejercicio en el Área de Entrenamiento de Grafenwoehr, nuestro equipo también se encontró con una colaboradora inesperada pero bienvenida en la teniente coronel Deborah Molnar, quien comandaba la Célula Verde del Ejército de EUA (las células verdes son un elemento nuevo de las maniobras)29. Cooperar con la Célula Verde mejoró nuestra relación con los líderes y los soldados en el entrenamiento, ayudó nuestra comprensión de los diferentes elementos del ejercicio y facilitó la introducción de nuevos escenarios de entrenamiento de protección de bienes culturales. La Célula Verde a menudo podía transmitir información regional y cultural a la cadena de mando del Ejército con más facilidad que nosotros. Por ello, les proporcionamos información cultural para mejorar sus argumentos y escenarios de entrenamiento. Por ejemplo, a instancias de su oficial al mando, la Célula Verde creo un escenario de civiles que huían del campo de batalla ante el avance de las fuerzas azules. Por nuestra parte, diseñamos un archivo ficticio de documentos gubernamentales para ilustrar que los sitios patrimoniales no tienen por qué ser «antiguos», «artísticos» o monumentos imponentes; esos archivos pueden ser simplemente importantes para la cultura, la historia y la gobernanza de la población local, sobre todo cuando se disputan los derechos sobre el patrimonio y la tierra. Recomendamos fusionar el escenario del archivo con el de los civiles desplazados de la Célula Verde para complicar la respuesta de los grupos entrenados. ¿Qué priorizarían y a quién delegarían? ¿Las fuerzas que avanzan prestarían atención al archivo y redirigirían sus tropas alrededor para no dañarlo en el fuego cruzado?

Al final, las fuerzas lidiaron con ambas situaciones de forma ejemplar y los escenarios sirvieron los propósitos de los controladores del ejercicio al moderar la velocidad de avance de las fuerzas azules. El general de brigada del Ejército, Joel K. Tyler, comandante general del Comando Conjunto de Modernización durante el ejercicio, señaló que el equipo de protección de bienes culturales jugó un papel crucial como parte de la Célula Verde y recomendó que las futuras células verdes se dotaran de este tipo de personal.

Durante el ejercicio también hubo momentos de inactividad en los que los simuladores perdieron conexión a la red, los controladores pasaban de una fase del ejercicio a otra y ocasiones en las que no había escenarios de protección de bienes culturales. Estos períodos resultaron ser oportunidades para poner en práctica nuestra preparación más allá de la creación de escenarios culturales y nuestra experiencia colectiva. Por ejemplo, en una ocasión, tuvimos la oportunidad de colaborar con una célula de inteligencia del Ejército. Ofrecimos nuestros conocimientos sobre el área de operaciones para mejorar y que parecieran más realistas algunos informes de inteligencia. Esta fructífera colaboración nos permitió apoyar con conocimientos culturales y a la vez aprender sobre algunos aspectos del proceso de inteligencia. Otro beneficio extra fue que también aprendimos a leer distintos tipos de coordenadas cartográficas que se usaban habitualmente.

Aunque prepararnos con conocimientos culturales e informarnos sobre los procedimientos del ejercicio fue crucial para tener éxito, igualmente importante fue ser ágiles y flexibles. Durante el ejercicio llevamos a cabo nuestra propia investigación de fuentes abiertas sobre sitios patrimoniales en áreas que previamente se preveía que estaban fuera del alcance de las maniobras para ofrecer soluciones culturales importantes a los controladores cuando preguntaran qué había allí. También adaptamos los escenarios culturales según evolucionaba el ejercicio. Por ejemplo, en una ocasión, los planificadores querían un escenario que requiriera tomar una decisión a nivel estratégico. Querían aprovechar que varios oficiales generales estaban de visita para que ayudaran a los soldados con un dilema de selección de objetivos. Por ello, modificamos un escenario en el que originalmente se intentaría recuperar objetos saqueados de un museo y a la vez enviar un mensaje estratégico a uno en donde los artefactos saqueados serían transportados en un convoy del Equipo Rojo que viajaba a un lugar religioso que también servía de cuartel general militar enemigo. Antes de atacar el convoy o el lugar, el personal del Equipo Azul tenía que analizar los riesgos con respecto a los artefactos culturales importantes, el posible impacto negativo que la pérdida de estos podría tener en un acuerdo de paz negociado, el impacto en la recuperación después del conflicto y las posibles implicaciones legales de tales acciones. Según el derecho internacional, los altos mandos militares tienen que autorizar cualquier acción que ponga en peligro los bienes culturales.

Nosotros participamos directamente en este escenario como parte del «cuartel general superior» del Equipo Azul y hablamos con aquellos que querían información sobre los artefactos históricos. Nuestro observador sirvió como enlace directo de información entre los oficiales generales en el entrenamiento y nuestro equipo en el área del controlador. Él comunicó lo que estaba ocurriendo con respecto a la selección de esos objetivos específicos y el dilema que representaban y respondió acertadamente cuando los oficiales generales preguntaron cómo podían obtener más información al respecto. Estábamos preparados para proporcionar esa información en detalle porque habíamos visto los artefactos en persona. Por ello, sabíamos responder a las preguntas sobre la importancia cultural y nacional de estos objetos más allá de la información general que se puede encontrar en Wikipedia. En este escenario, nuestro equipo apoyó la toma de decisiones de altos mandos con inteligencia cultural esencial y demostró el concepto de que incluso en el «combate de alto nivel», la protección de bienes culturales importa y a menudo puede influir en decisiones estratégicas. Como resultado de la diversidad multidisciplinaria de nuestro equipo, los conocimientos de primera mano del área de operaciones y nuestra preparación antes del ejercicio con potenciales escenario de dilemas culturales, pudimos apoyar a los controladores y hacer de la protección de bienes culturales un elemento clave en la tercera semana de maniobras.

Resumen y conclusiones

Decir que hemos aprendido mucho en la preparación y ejecución del BF/JWA-18 no acapara todo lo que verdaderamente hemos logrado. Es muy importante que los profesionales y académicos del patrimonio cultural se relacionen con el mundo de los ejercicios militares a gran escala. En nuestro caso, por ejemplo, establecimos relaciones con el 505o EEC y las mantuvimos durante los ejercicios de Bandera Azul 19-1 y 20-1 (este último fue cancelado debido a la pandemia del COVID-19). Tales esfuerzos de coordinación civil-militar son cruciales para que cualquier escenario de protección de bienes culturales sea aceptado e incorporado en futuros ejercicios con el 505º EEC o más ampliamente en todo el Ejército. Basándonos en lo que habíamos aprendido sobre los procesos de desarrollo de ejercicios y creación de escenarios, pudimos integrar los escenarios culturales con mucha más facilidad. Nuestro objetivo era que los escenarios de protección de bienes culturales fueran aceptados como parte normal de la planificación y ejecución de las operaciones, y en cierta medida lo conseguimos. El hecho de que lo hayamos conseguido ahora no significa que esta tendencia continuará en el futuro, como lo sabe cualquiera que trabaje con militares. La rotación de personal y cambios en los requisitos de entrenamiento exigen un compromiso continuo de trabajo con los altos mandos, las unidades operacionales, las instituciones de educación militar profesional, los escuadrones de entrenamiento y los aviadores individuales. De esta manera garantizaremos que estamos educando y formando a nuestras fuerzas para las inevitables intersecciones entre el patrimonio cultural y las operaciones militares.

La protección de bienes culturales es uno de varios aspectos de la competencia cultural, pero importante para nuestras fuerzas dado que muchas veces han visto de primera mano los efectos negativos de no protegerlos. La protección de bienes culturales puede servir como base de partida para incorporar otros aspectos de la competencia cultural y conceptos más abstractos, como también hacer que los planificadores consideren las complejas influencias de la cultura más allá de una mentalidad simplista de «sí se puede atacar, no se puede». En los dos ejercicios de Bandera Azul que participamos, los soldados no solo nos preguntaron sobre el patrimonio y los bienes culturales, sino que también preguntaron sobre las culturas de las regiones en general. Esto demuestra que tanto nuestros escenarios de protección de bienes culturales como nuestra presencia en los ejercicios sirven para múltiples fines para todos los que participan en las maniobras. Incorporar la conciencia cultural y la protección de bienes culturales en la formación y el entrenamiento militar puede ser una batalla ardua, que parece mejorar y empeorar a lo largo de los años, dependiendo de las estrategias de seguridad nacional y los conflictos actuales. Sostenemos que la cultura siempre será importante porque nuestros aliados y adversarios son personas que se basan en la cultura para tomar decisiones sobre la guerra, sus asociaciones e incluso las interacciones diarias con nuestras fuerzas. Los bienes culturales y el patrimonio son elementos de la cultura que todos tienen interés en proteger. Instamos a otros a que hagan suya esta causa de educación y formación militar, y esperamos que, al presentar nuestras lecciones aprendidas, podamos ayudar a cerrar la brecha entre el mundo académico y militar.


Notas

  1. H. R. McMaster, «Developing Strategic Empathy: History and the Foundation of Foreign Policy and National Security Strategy», Journal of Military History 84, nro. 3 (julio de 2020): 689–97.
  2. Lauren Mackenzie, Eric Gauldin y Erika Tarzi, 2018 Military Cross-Cultural Competence Annotated Bibliography (Quantico, VA: Center for Advanced Operational Culture Learning, Marine Corps University, 2018), accedido 25 de junio de 2021, https://apps.dtic.mil/dtic/tr/fulltext/u2/1059390.pdf.
  3. Nos hemos inspirado en el trabajo de la Dra. Laurie Rush, especialmente en lo que respecta la protección de bienes culturales y ejercicios de entrenamiento. Para más información, véase Kristoffer T. Mills y Laurie Rush, «Integration of Cultural Property Protection into a Decisive Action Training Exercise», Military Review 97, nro. 6 (noviembre-diciembre de 2017): 106–16, accedido 25 de junio de 2021, https://www.armyupress.army.mil/Journals/Military-Review/English-Edition-Archives/November-December-2017/Integration-of-Cultural-Property-Protection-into-a-Decisive-Action-Training-Exercise/; Laurie Rush, «Cultural Property Protection as a Force Multiplier in Stability Operations: WWII Monuments Officers Lessons Learned», Military Review 92, nro. 2 (marzo-abril de 2012): 36–43, accedido 25 de junio de 2021, https://www.armyupress.army.mil/Portals/7/military-review/Archives/English/MilitaryReview_20120430_art008.pdf.
  4. Ping-cheung Lo, «Warfare Ethics in Sunzi’s Art of War? Historical Controversies and Contemporary Perspectives», Journal of Military Ethics 11, nro. 2 (2012), 114–35, https://doi.org/10.1080/15027570.2012.708179.
  5. Thucydides, History of the Peloponnesian War, traducción de Rex Warner (Harmondsworth, UK: Penguin, 1954).
  6. Carl von Clausewitz, On War, traducción y edición de Michael Howard y Peter Paret (Princeton, NJ: Princeton University Press, 1976).
  7. Giulio Douhet, The Command of the Air, traducción de Dino Ferrari (Maxwell Air Force Base, AL: Air University Press, 2019), accedido 25 de junio de 2021, https://www.airuniversity.af.edu/Portals/10/AUPress/Books/B_0160_DOUHET_THE_COMMAND_OF_THE_AIR.pdf; Robert A. Pape, Bombing to Win: Air Power and Coercion in War (Ithaca, NY: Cornell University Press, 1996); David MacIsaac, ed., The United States Strategic Bombing Survey Selected Reports, 10 vol. (New York: Garland Press, 1976); David Chuter, «Triumph of the Will? Or, Why Surrender Is Not Always Inevitable», Review of International Studies 23, nro. 4 (1997): 381–400; Mark Clodfelter, The Limits of Air Power: The American Bombing of North Vietnam (New York: Free Press; London: Collier Macmillan, 1989); Benjamin Isakhan, «Heritage Destruction and Spikes in Violence: The Case of Iraq», en Cultural Heritage in the Crosshairs, edición de Joris Kila y James Zeidler (Leiden, The Netherlands: Brill, 2013), 219–48; Ben Connable et al., Will to Fight Analyzing, Modeling, and Simulating the Will to Fight of Military Units (Santa Monica, CA: RAND Corporation, 2018), accedido 25 de marzo de 2021, https://www.rand.org/pubs/research_reports/RR2341.html; para más información sobre la division de investigación encargada del estudio Will to Fight, véase https://www.rand.org/ard/projects/will-to-fight.html.
  8. Sean Delpech, «Reinventing the Monuments Men and Women for the 21st Century Force», U.S. Army Reserve, 12 de septiembre de 2020, accedido 25 de junio de 2021, https://www.usar.army.mil/News/News-Display/Article/2345785/reinventing-the-monuments-men-and-women-for-the-21st-century-force/.
  9. Tal vez los estadounidenses más destacados en este esfuerzo después de la invasión de Iraq en 2003 (y desde entonces) fueron la mayor ret. Cori Wegener, Reserva del Ejército, y el coronel Matthew Bogdanos, Cuerpo de Infantería de Marina. Para más información sobre la labor desempeñada por Cori Wegener, véase https://global.si.edu/people/corine-wegener, y el libro de Bogdanos Thieves of Baghdad: One Marine’s Passion to Recover the World’s Greatest Stolen Treasures (New York: Bloomsbury, 2005). Para un argumento a favor de la protección de bienes culturales por la que podría decirse es la unidad modelo para la protección de bienes culturales, la Carabinieri italiana, véase Paolo Foradori, «Protecting Cultural Heritage during Armed Conflict: The Italian Contribution to ‘Cultural Peacekeeping’», Modern Italy 22, nro. 1 (2016): 1–17, https://doi.org/10.1017/mit.2016.57.
  10. Para la relación específica entre la protección de bienes culturales y el derecho de los conflictos armados, véase Howard Hensel, «The Protection of Cultural Objects During Armed Conflict», Law of Armed Conflict: Constraints on the Contemporary Use of Military Force, edición de Howard Hensel (Burlington, VT: Ashgate Publishing, 2005), 39–104; para más información sobre el derecho de los conflictos armados, véase David Lee, ed., Law of Armed Conflict Deskbook, 5a ed. (Charlottesville, VA: The Judge Advocate General’s Legal Center and School, U.S. Army, 2015); para más información sobre la Convención de La Haya de 1954 y su Segundo Protocolo de 1999, véase «1954 Hague Convention for the Protection of Cultural Property in the Event of Armed Conflict», UNESCO Armed Conflict and Heritage, accedido 28 de junio de 2021, http://www.unesco.org/new/en/culture/themes/armed-conflict-and-heritage/convention-and-protocols/1954-hague-convention/.
  11. Para información sobre el Comité Internacional del Escudo Azul, véase https://theblueshield.org/, y para el Comité Estadounidense del Escudo Azul, véase https://uscbs.org/.
  12. Para más información, véase «Libya, Protection of Cultural Heritage», IHL In Action: Respect for the Law on the Battlefield, accedido 25 de marzo de 2021, https://ihl-in-action.icrc.org/case-study/libya-protection-cultural-heritage.
  13. Véase en particular Section 5.18, «Protection of Cultural Property During Hostilities», en Department of Defense Law of War Manual (Washington, DC: Department of Defense, December 2016), 293–311, accedido 25 de marzo de 2021, https://dod.defense.gov/Portals/1/Documents/pubs/DoD%20Law%20of%20War%20Manual%20-%20June%202015%20Updated%20Dec%202016.pdf?ver=2016-12-13-172036-190.
  14. Jeffrey S. Lantis, «Strategic Culture: From Clausewitz to Constructivism», Strategic Insights 6, nro. 10 (noviembre de 2005), accedido 28 de junio de 2021, https://calhoun.nps.edu/handle/10945/11257; Paul T. Bartone, «Lessons of Abu Ghraib: Understanding and Preventing Prisoner Abuse in Military Operations», Defense Horizons, nro. 64 (Washington, DC: Center for Technology and National Security Policy, National Defense University, noviembre de 2008), accedido 28 de junio de 2021, https://ndupress.ndu.edu/Portals/68/Documents/defensehorizon/DH-064.pdf; Lawrence Rothfield, The Rape of Mesopotamia: Behind the Looting of the Iraq Museum (Chicago: University of Chicago Press, 2009).
  15. Jeffrey Gettleman, «Babylon Awaits an Iraq Without Fighting», New York Times (sitio web), 18 de abril de 2006, accedido 24 de marzo de 2021, https://www.nytimes.com/2006/04/18/world/middleeast/babylon-awaits-an-iraq-without-fighting.html.
  16. Samuel Hardy, «Curbing the Spoils of War», The UNESCO Courier (octubre-diciembre de 2017), accedido 24 de marzo de 2021, https://en.unesco.org/courier/october-december-2017/curbing-spoils-war.
  17. Harold Kalman, «Destruction, Mitigation, and Reconciliation of Cultural Heritage», International Journal of Heritage Studies 23, nro. 6 (2017): 538–55, https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/13527258.2017.1289475.
  18. Véanse los ensayos en Nicholas Stanley-Price, ed., Cultural Heritage in Postwar Recovery: Papers from the ICCROM FORUM held on October 4–6, 2005 (Rome: International Centre for the Study of the Preservation and Restoration of Cultural Property, 2007), accedido 24 de marzo de 2021, https://www.iccrom.org/sites/default/files/publications/2019-11/iccrom_ics06_culturalheritagepostwar_en_0_0.pdf.
  19. Jolien Berends, Cultural Property Protection Makes Sense: A Way to Improve Your Mission, 2a ed. (The Hague, The Netherlands: Civil-Military Cooperation Centre of Excellence, 2020), accedido 25 de junio de 2021, https://www.cimic-coe.org/resources/make-sense-series/cultural-property-protection-makes-sense.pdf.
  20. Sin el apoyo de los líderes del 505º EEC, esta prueba conceptual no habría sido posible; un agradecimiento especial al teniente coronel Matt McKinney y a John Drain.
  21. Mayrem Morales, «USAFE Concludes Joint-Combat Readiness Exercise», U.S. Air Forces in Europe and Air Forces Africa, 10 de mayo de 2018, accedido 25 de marzo de 2021, https://www.usafe.af.mil/News/Article-Display/Article/1517466/usafe-concludes-joint-combat-readiness-exercise/; «BF/JWA-18–Blue Flag/Joint Warfighting Assessment», U.S. Army Fort Bliss, 10 de septiembre de 2019, accedido 25 de marzo de 2021, https://home.army.mil/bliss/index.php/units-tenants/joint-modernization-command/jmc-archives.
  22. Center for Army Lessons Learned (CALL) Newsletter 19-03, Multinational Joint Forcible Entry Operations Blue Flag/JWA 2018 Newsletter (Fort Leavenworth, KS: CALL, diciembre de 2018), vii.
  23. Ibid.
  24. También nos gustaría dar las gracias al personal y a los participantes del Language Enabled Airman Program, del Centro Cultural y Lingüístico de la Fuerza Aérea, por habernos ayudado a conocer la región y con nuestro itinerario.
  25. Estos escenarios se llevaron a cabo de forma virtual y todos los movimientos de tropas se produjeron dentro de los límites de las bases militares donde se habían reunido los participantes del ejercicio. Nunca se pusieron en peligro lugares históricos o tesoros nacionales.
  26. Esta es la sección del grupo de control del ejercicio que se dedica a dictar los movimientos de la fuerza contraria. El Equipo Rojo y el Equipo Azul se utilizan generalmente para representar a los adversarios y a los aliados, respectivamente.
  27. Al principio, el ejercicio solo se limitaba a la Fuerza Aérea, pero a partir de 2018, el Ejército incorporó la evaluación de guerra conjunta a todas las maniobras para verdaderamente enfocarse en la interoperabilidad multidominio.
  28. Véase Krisjand Rothweiler, «#Wargaming for Strategic Planning», The Strategy Bridge, 29 de marzo de 2017, accedido 25 de marzo de 2021, https://thestrategybridge.org/the-bridge/2017/3/29/wargaming-for-strategic-planning. El ejercicio de Bandera Azul es un ejercicio de entrenamiento, no un juego de guerra (wargame). Un juego de guerra no incluye el movimiento real de tropas o material y los resultados no son una conclusión inevitable. Esto da a los planificadores y a los jugadores la oportunidad de ensayar diferentes cursos de acción y comparar diferentes resultados. Un ejercicio tiene objetivos de entrenamiento claros que los participantes deben practicar. Los escenarios del ejercicio están en gran medida predeterminados (si las fuerzas pueden o no repeler a un adversario o evacuar a ciudadanos estadounidenses, por ejemplo) y el éxito del ejercicio depende de cómo (y cuán bien) se ejecuten los procesos y las tareas.
  29. A. E. Vellenga, prólogo de la Marine Corps Civil-Military Operations School (MCCMOS) Circular 3.1, Green Cell (Quantico, VA: MCCMOS, 1 de septiembre de 2017), v, accedido 25 de marzo de 2021, https://www.trngcmd.marines.mil/Portals/207/Docs/wtbn/MCCMOS/MCCMOS%20Circular%20Green%20Cell%20September%202017.pdf?ver=2017-09-14-103732-913. Una Célula Verde «ayuda al comandante y a su estado mayor a comprender mejor la dimensión civil del campo de batalla y la naturaleza del problema» al que se enfrenta la unidad; también puede servir de enlace con organizaciones de la sociedad civil.

 

Scott M. Edmondson, PhD, es profesor adjunto de Estudios Regionales y Culturales (África) en el Centro de Cultura y Lenguaje de la Fuerza Aérea de EUA, en la Escuela Superior de Guerra Aérea. Es licenciado en Antropología por la Universidad de Emory y doctor en Estudios Culturales por la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA). Cuenta con una década de experiencia docente tanto en el ámbito universitario (UCLA y Universidad de Michigan) como en el militar (Centro y Escuela de Guerra Especial John F. Kennedy del Ejército de EUA y Universidad del Aire), y ha trabajado como analista de inteligencia sociocultural para el 4º Grupo de Apoyo de Información Militar/Comando de Operaciones Especiales del Ejército de EUA y el Comando de África de EUA.

Patricia L. Fogarty, PhD, es profesora adjunta de Relaciones Interculturales en el Centro de Cultura y Lenguaje de la Fuerza Aérea de EUA, en la Escuela de Guerra Aérea, donde trabaja desde 2012. Es licenciada por la Universidad Estatal de Florida, tiene una maestría por la Universidad Estatal de Georgia y un doctorado por la Universidad de Emory. Ha realizado investigaciones en Europa del Este sobre identidad nacional, ciudadanía y desarrollo internacional. Su trabajo con la Fuerza Aérea de EUA incluye investigar las experiencias interculturales de los aviadores de todos los rangos y códigos de especialidad.
*Fogarty es la autora principal de este artículo

Elizabeth L. B. Peifer, PhD, es profesora adjunta de Estudios Regionales y Culturales (Europa) en el Centro de Cultura y Lenguaje de la Fuerza Aérea de EUA, en la Escuela de Guerra Aérea. Es licenciada en Historia por el Davidson College y tiene una maestría y un doctorado en Historia Europea por la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. Tiene 20 años de experiencia en la enseñanza universitaria y ha sido directora de programas para profesores de los Colegios Asociados del Sur. También fue directora de educación de la Comisión del Holocausto de Alabama. Actualmente enseña estrategia, así como clases electivas sobre extremismo y guerra de información.

 

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