Revista Profesional del Ejército de EUA

Edición Hispanoamericana

El ciberespacio es el nuevo dominio aéreo

Su superioridad en megaciudades

Mayor Austin G. Commons, Ejército de EUA

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Cuatro aviones tipo F-15E Strike Eagle de la Fuerza Aérea de EUA, asignados al 334º Escuadrón de Cazas en la base aérea Seymour Johnson, Carolina del Norte, sobrevuelan la megaciudad norteamericana de Nueva York, septiembre de 2017. El tamaño masivo y complejidad de tales megaciudades que surgen globalmente presentan una gama de nuevos desafíos a los planificadores militares, especialmente los encargados con el establecimiento del control a través de la superioridad aérea en el caso de un conflicto urbano. (Foto: Fuerza Aérea de EUA, Sgto. 2o Andrew Lee)

La guerra, en su nivel más elemental es una actividad humana. El conflicto violento a toda escala casi siempre tendrá lugar en las zonas donde los humanos viven y trabajan. Dos tendencias globales actuales están moldeando la dimensión humana del conflicto: el movimiento de personas a las megaciudades con poblaciones de más de diez millones de habitantes y el incremento de la interconexión entre poblaciones e infraestructura. En 2014, había 28 megaciudades en el mundo y se proyecta que lleguen a 41 en el año 20301. Incluso es más, una explosión global de acceso a internet y telefonía celular se evidencia en ciudades y poblaciones que están densamente interconectadas.

Hoy en día, las megaciudades son los ambientes modernos más complejos en el mundo con un funcionamiento tan complicado e intrincado como un ecosistema. La megaciudad es un ambiente operacional en sí al tener tres elementos: grandes espacios, terreno físico complejo y restrictivo, y poblaciones humanas densas. Este ambiente crea gran fricción en todos los dominios (terrestre, marítimo, aéreo, espacio y ciberespacio), proporcionando una gran oportunidad para que los adversarios nieguen la libertad de acción a las fuerzas de EUA. El general Mark Milley, jefe de Estado Mayor del Ejército, ha destacado la importancia del problema exigiendo el desarrollo de conceptos para el combate en megaciudades2. La doctrina conjunta actual de las fuerzas armadas de EUA es insuficiente para abordar este tipo de conflicto.

Desde la Segunda Guerra Mundial, la doctrina conjunta ha priorizado el alcanzar la superioridad aérea como un requisito previo para permitir la libertad de acción en los otros dominios3. Sin embargo, las megaciudades con sus altos edificios, calles estrechas y congestionadas, y espacios subterráneos ofrecen una amplia protección contra la observación aérea y fuegos de apoyo aéreo cercano. Afortunadamente, un nuevo dominio —el ciberespacio y el espectro electromagnético— ha surgido como el medio preeminente para comprender y moldear las acciones en los otros cuatro dominios. Para que la fuerza conjunta alcance, explote y mantenga la iniciativa en un ambiente de megaciudad, los comandantes de la fuerza de tarea conjunta deben priorizar la superioridad en el ciberespacio en lugar de la superioridad aérea como un requisito operacional previo.

Se podría argumentar que la reciente década de experiencia de combate de las fuerzas armadas de EUA en ciudades iraquíes tales como Bagdad, Faluya y Mosul, proporcionó un fundamento conceptual y doctrinario para el combate urbano que se puede aplicar a mayor escala en el problema de megaciudades. La Publicación Conjunta (Joint Publication - JP) 3-06, Joint Urban Operations, sufrió una revisión significativa el 2009 con actualizaciones en todas las funciones conjuntas4. Estas actualizaciones abordan integralmente los desafíos inherentes en los ambientes urbanos modernos citando las lecciones aprendidas de recientes conflictos tal como la Operación Iraqi Freedom. La JP 3-06, proporciona una descripción precisa de los desafíos enfrentados en ambientes urbanos y presenta nueve principios fundamentales para llevar a cabo operaciones urbanas:

  • Realizar una evaluación sistémica.
  • Integrar todas las acciones en el contexto de una operación o campaña de mayor escala.
  • Aprender y adaptarse.
  • Aislar selectivamente los elementos clave del ambiente urbano.
  • Aplicar una fuerza apropiada, destructiva y neutralizadora para afectar la capacidad de un adversario en la búsqueda de sus objetivos.
  • Establecer, extender, proteger, y controlar sectores y subsistemas urbanos.
  • Persuadir a las gobernaciones municipales, grupos y segmentos de la población para cooperar con las operaciones de la fuerza conjunta.
  • Proporcionar el apoyo esencial dentro del ambiente urbano y mantenerlo durante las operaciones de combate para mejorar su capacidad de sobrevivencia.
  • Apoyar mejoras en las instituciones e infraestructura urbanas5.

Estos principios son objetivamente lógicos y reflejan años de experiencia en Irak y otros conflictos urbanos. Sin embargo, si bien este marco podría ser adecuado en ciudades más pequeñas, las características únicamente puestas en capas de una megaciudad hace insuficiente el marco doctrinal actual para luchar y ganar en este ambiente. En el presente artículo, se delinean las deficiencias en la doctrina conjunta actual cuando se aplica en un ambiente de megaciudad, demostrando cómo la superioridad en el ciberespacio puede permitir que la fuerza conjunta supere estas desventajas.

El problema de megaciudades: Doctrina inadecuada

La doctrina actual de operaciones urbanas conjuntas es insuficiente para guiar las operaciones militares en una megaciudad debido a los desafíos únicos presentados por la combinación en capas de tamaño, densidad y complejidad. Según lo observado previamente, en la doctrina de operaciones urbanas conjuntas se establecen nueve principios para los comandantes y estados mayores. Todos estos principios son esenciales para ganar el combate urbano y requieren un alto nivel de libertad de acción para su ejecución eficaz—haciendo especialmente difícil aplicar estos principios en el combate en una megaciudad. Dos de los principios más difíciles de aplicar en este ambiente son el aislamiento selectivo de partes clave del ambiente urbano y la aplicación de fuerza apropiada para afectar a un adversario. El alto grado de complejidad presentado por el ambiente proporciona a un adversario un sinnúmero de oportunidades para negar y afectar la libertad de acción de un comandante de una fuerza conjunta.

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...en todas las ciudades donde el gobierno legítimo es ineficaz e incapaz de proporcionar los servicios básicos, las redes criminales y no oficiales son inevitablemente rápidas para llenar los vacíos y, por lo tanto, ejercer una influencia y control considerable sobre la población.

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El aislamiento físico de terreno clave frecuentemente es irrealizable en una megaciudad debido a las grandes distancias físicas que una fuerza de maniobra necesita atravesar en un ambiente sumamente congestionado. La Fuerza de Tarea de Rangers sufrió esto en Mogadiscio, Somalia, en 1993, físicamente abrumada por las multitudes y congestión en una ciudad relativamente pequeña que hoy en día tiene «solo» 2,1 millones de habitantes6. En el nivel operacional, el aislamiento significa «desconectar al adversario de las funciones necesarias para ser eficiente», que en la doctrina actual de las operaciones urbanas se describe como crítico para lograr el éxito7.

Sin embargo, aún si el terreno clave seleccionado para el aislamiento es relativamente pequeño, las fuerzas de maniobra frecuentemente tendrán que trasladarse a grandes distancias para lograrlo. Cuadras superpobladas en la ciudad conectadas con calles estrechas y congestionadas podrían hacerlo casi imposible para que las unidades terrestres puedan alcanzar un área que debe estar físicamente aislada. Tomar el ejemplo de Mogadiscio a una megaciudad mucho más grande demuestra cuán fácilmente una pequeña formación de combate tal como la Fuerza de Tarea Ranger puede ser consumida por una gran población urbana8. El número de tropas terrestres necesarias para maniobrar y aislar el terreno clave puede no ser suficiente o ser políticamente indeseable. Además, avanzar hacia objetivos y terrenos clave es solo una parte del desafío presentado al combatir en una megaciudad.

Aislar físicamente un terreno clave en un ambiente de megaciudad tampoco sería posible debido al requisito de controlar las líneas de comunicaciones (LOC) que suministran personal, material bélico e información a una fuerza enemiga. En el ataque terrorista en Mumbai, India en 2008, por el grupo extremista pakistaní Lashkar-e-Tayyiba, diez atacantes se infiltraron en la ciudad por el mar y avanzaron hacia sus blancos en taxis, ferrocarriles y a pie9. Además de estas líneas de comunicaciones físicas, los atacantes y sus comandantes en Karachi dependieron en gran medida en la infraestructura digital de la ciudad para controlar y coordinar sus acciones, sin la cual no hubiesen sido capaces de infligir tantos daños10. El ejemplo representa una red de líneas de comunicaciones que es demasiado compleja para que una fuerza la controle físicamente. En un ambiente de megaciudad, con su altísima densidad de población, una infraestructura de transporte sumamente interconectada y redes criminales ilícitas, inclina la balanza en contra de cualquier fuerza de seguridad que intente aislar y controlar el terreno clave. Incluso con tropas de decenas de miles, controlar físicamente un área urbana que consta de decenas de millones de personas invierte las proporciones de fuerza recomendadas en la doctrina11. Además, físicamente controlar un área de conflicto frecuentemente requiere la aplicación de una fuerza letal—otro precepto de la doctrina urbana.

La aplicación de fuerza destructiva o neutralizadora para desestabilizar a un adversario es muy difícil en una megaciudad, no solo debido a las preocupaciones colaterales, sino también a la complejidad única del ecosistema de una megaciudad en que operan las redes enemigas. En una megaciudad tal como Karachi, con una población de 27,5 millones de habitantes, los posibles grupos adversarios se mezclan en una telaraña compleja de redes ilícitas, con cooperación que surge más frecuentemente de conveniencia y fines lucrativos que de ideología compartida. Los integrantes de los grupos extremistas tales como el Talibán pakistaní, el Talibán afgano, y Lashkar-e-Tayyiba gozan de una relación simbiótica con las organizaciones criminales armadas que proporcionan su propia forma de seguridad y gobernanza en los barrios mal gobernados de Karachi. Además, Karachi es una ciudad portuaria de alta actividad en la cual se realiza un gran número de actividades comerciales internacionales; es el «equivalente pakistaní de Nueva York, Chicago o Los Ángeles»12. Las industrias de carga marítima y terrestre de camiones en Karachi emplean a gran número de extremistas y jóvenes susceptibles al reclutamiento criminal o extremista13. Esta base industrial también es una fuente clave de recaudación de fondos para el Talibán pakistaní y otros grupos extremistas a través de la extorsión y otras actividades criminales14. En la doctrina urbana, se especifica que la fuerza coercitiva debe ser sumamente apropiada para minimizar su impacto en el ambiente urbano más amplio15. Sin embargo, en todas las ciudades donde el gobierno legítimo es ineficaz e incapaz de proporcionar los servicios básicos, las redes criminales y extraoficiales son inevitablemente rápidas para llenar estos vacíos y, por lo tanto, ejercer una influencia y control considerable sobre la población16. Desgraciadamente, presumiendo que la fuerza conjunta podría encontrar e inmovilizar estas redes en su sector, la aplicación de fuerza letal sobre estos grupos adversarios interconectados, inevitablemente tendrá un impacto negativo significativo en la población y ambiente más amplio, porque la fuerza letal que se usa contra cualquier grupo adversario o su base de apoyo en una megaciudad tal como Karachi tiene el potencial de causar graves interrupciones en los servicios básicos. De manera igual, se podría anticipar que las interrupciones similares en el comercio regional e internacional que surgen de la fuerza letal tendrían los mismos tipos de efectos que alcanzaría más allá del área de operaciones inmediata para una fuerza de tarea conjunta.

Un concepto para la superioridad en el ciberespacio

Si bien aplicar la doctrina de operaciones urbanas conjuntas en el combate en una megaciudad es muy desafiante, los comandantes de la fuerza de tarea conjunta pueden mitigar estos desafíos priorizando la superioridad en el ciberespacio y el espectro electromagnético para contar con la libertad de acción en todos los dominios físicos. A fin de explorar estas opciones, es necesario establecer un concepto de lo que la superioridad en el ciberespacio podría ser en la práctica. Esta idea se refleja estrechamente en el concepto de la superioridad aérea que por mucho tiempo se ha considerado un prerrequisito operacional para lograr la libertad de acción en los otros dominios. En la JP 3-0, Joint Operations, se declara que el «control del espacio aéreo es un prerrequisito para lograr el éxito en las operaciones o campañas modernas» porque impide a los medios aéreos enemigos interferir en las operaciones en otros dominios, «facilitando así la libertad de acción»17. Sin embargo y como se discutió anteriormente, la complejidad del terreno físico y humano en una megaciudad puede disminuir significativamente las ventajas logradas por la superioridad aérea. Con el fin de mitigarla, la superioridad en el ciberespacio puede establecer las condiciones para la libertad de acción amiga en los otros dominios. En términos conceptuales, para que una fuerza de tarea conjunta logre la superioridad en el ciberespacio de una megaciudad, debe ser capaz de monitorear y recolectar la gran cantidad de tráfico de comunicaciones digitales en el área de operaciones, acceder a las redes digitales del adversario y de la nación anfitriona sin restricciones, así como defender las redes amigas contra interferencia por parte de los adversarios y terceros.

El personal de la Fuerza de Tarea Ranger se oculta al lado de edificios cerca de sitio donde se estrelló un helicóptero, 3 de octubre de 1993, en Mogadiscio, Somalia. Esta es la única foto publicada del campo de batalla durante el enfrentamiento. (Foto: cortesía del Ejército de EUA)

Fuerza de Tarea Ranger y la Batalla de Mogadiscio

Del 3 al 4 de octubre de 1993, una fuerza de tarea conjunta de fuerzas especiales de EUA lucharon una batalla prolongada en las calles congestionadas de Mogadiscio, Somalia, después de que su misión para capturar miembros clave del grupo de milicia somalí dirigido por Mohamed Farah Aidid encontrara una fuerte e inesperada resistencia y una parte de la fuerza de tarea fuera inmovilizada en el centro de la ciudad. Las lecciones aprendidas de la Fuerza de TareaRangerpresagiaron desafíos aún más grandes en el futuro para las fuerzas de EUA combatirán en un ambiente urbano y en megaciudades.

La Fuerza de Tarea Ranger incluía unidades del 3er Batallón de Rangers, el Destacamento Operacional-Delta del 1er Grupo de Operaciones Especiales, el 160o Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales y otros elementos de operaciones especiales de la Fuerza Aérea y Armada de EUA. Su misión era capturar Aidid y desmantelar su organización, la Alianza Nacional Somalí. El 3 de octubre, la fuerza de tarea envió una fuerza de 19 aeronaves, 12 vehículos y 160 soldados para detener a dos líderes de alto nivel en la organización de Aidid.

La misión comenzó bien, con la rápida captura de dos líderes de la milicia, aunque unRanger fue herido en una caída de un helicóptero en un descenso rápido en soga. Sin embargo, una gran multitud de milicianos y civiles armados, incluyendo mujeres y niños, rápidamente convergieron en el lugar, congestionando los caminos y bloqueando la extracción del soldado herido y los dos milicianos por un convoy terrestre. La situación se empeoró aún más después de que se derribaran dos helicópteros con lanzacohetes. La fuerza de tarea se vio obligada a defender a los tripulantes sobrevivientes de los helicópteros en el lugar y a sí misma durante toda la noche.

Después de una noche los ataques de los somalíes fueron rechazados, el grupo consiguió la extracción con el apoyo de un convoy de rescate que constaba de fuerzas de la 10ª División de Montaña de EUA, de Malasia y Pakistán. Al final, la fuerza de tarea sufrió 18 integrantes fallecidos y 84 heridos; un soldado malayo muerto y diez heridos y dos soldados pakistaníes heridos. La estimación de bajas somalíes varía entre 300 a 500 muertos y 700 heridos1.

Desde ese entonces, las fuerzas de EUA han luchado batallas significativas en áreas urbanas en Irak y Afganistán, reforzando y agregando experiencias a las lecciones aprendidas en Somalia en cuanto al combate urbano. Se debe adaptar y aplicar estas lecciones para prepararse para el combate multidominio futuro en las megaciudades.


Note

  1. Las estimaciones de bajas varía; los datos presentados en el presente artículo son del U.S. Forces, Somalia After Action Report and Historical Overview: The U.S. Army in Somalia, 1992–1994 (Washington, DC: U.S. Army Center for Military History, pág. 200.

En la doctrina conjunta actual, se define la superioridad en el ciberespacio como «el grado de dominio en el ciberespacio por una fuerza que permite la conducción segura y confiable de sus operaciones y de sus fuerzas terrestres, aéreas, marítimas y espaciales en un tiempo y lugar determinado sin la interferencia prohibitiva de un adversario», que repite casi textual la definición doctrinaria de superioridad aérea18. No obstante, este concepto va más allá, estableciendo un conjunto de condiciones concretas que permiten apoyar a la fuerza conjunta en la evaluación de su nivel de superioridad en el ciberespacio.

La capacidad de monitorear y recolectar las comunicaciones digitales en el área de operaciones en una megaciudad es un elemento clave para alcanzar la superioridad en el ciberespacio. La incapacidad de observar lo que pasa a través del terreno digital es similar a la incapacidad de llevar a cabo la vigilancia aérea de un área física de operaciones. Para lograrlo, se requerirá el acceso a la infraestructura de comunicaciones digitales de esa ciudad, incluyendo las redes celulares e internet alámbrica. Ya existen ejemplos de sistemas que pueden hacerlo.

Desde 2007, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) ha usado un sistema de recolección conocido como Prism, el cual recolecta el tráfico de comunicaciones de una larga lista de prominentes empresas de internet basadas en EUA tales como Google, Yahoo y Facebook. Estas empresas constituyen una gran parte del tráfico global en el internet y programas tales como Prism proporcionan puntos de acceso valiosos al terreno cibernético de las megaciudades en el mundo entero19. Del mismo modo, la NSA tiene acceso a las redes celulares en todas partes del mundo, muchas de las cuales son propiedad de empresas basadas en EUA a través de acuerdos previos20. Estos acuerdos con proveedores de internet alámbrico e inalámbrico cubren la gran mayoría de comunicaciones digitales en todas las megaciudades. El restante «terreno» cibernético que es inaccesible a través de acuerdos existentes necesitará ser accedido clandestina y encubiertamente a través del gran número de herramientas de hacking en la NSA y el Comando Cibernético de EUA. Ganar el acceso a estas redes de comunicación con acceso limitado es un componente crucial para alcanzar la superioridad en el ciberespacio durante un conflicto.

Las redes de comunicaciones digitales que la fuerza conjunta no puede acceder proporcionan a un adversario la libertad de acción en una megaciudad y crean oportunidades para que un adversario interrumpa la libertad de acción de EUA. Estas pueden ser redes que pertenecen a insurgentes u organizaciones criminales, o a una red de comunicación administrada y controlada por el gobierno de un Estado hostil. La analogía de superioridad aérea sería una parte del área de operaciones que es protegida por sistemas de defensa antiaérea y, por lo tanto, inaccesible a las fuerzas propias y aliadas en la doctrina actual.

La revolución libia del año 2011 proporciona un ejemplo del impacto del ciberespacio negado. Los grupos insurgentes utilizaron herramientas comercialmente disponibles para crear sus propias redes de comunicaciones digitales para evadir las acciones represivas en internet llevadas a cabo por el régimen de Moamar Gadafi. Con el establecimiento de estas redes junto a la ya existente infraestructura de comunicaciones digitales, los grupos revolucionarios podían adquirir fondos, influir en la opinión internacional, proporcionar datos para la selección de blancos a los centros de inteligencia de la OTAN, e impedir las capacidades digitales de espionaje del régimen21.

Si bien el régimen de Gadafi no ofrece un ejemplo de conducta moral, su situación militar en toda la revolución destacó que el tener la capacidad de acceder a las redes adversarias es un componente clave para lograr la superioridad ciberespacial en el conflicto moderno. Aunque el régimen reconoció la necesidad vital y tuvo algunos éxitos limitados en el hackeo de llamadas por Skype y otras comunicaciones digitales transmitidas por las redes insurgentes, sus esfuerzos fueron tardíos e insuficientes ante el apoyo que la OTAN proporcionó a los grupos revolucionarios22. Independientemente de esto, el ejemplo libio demuestra que sin el acceso a las redes adversarias, la fuerza conjunta no puede lograr la superioridad y libertad de acción en el ciberespacio, porque el terreno cibernético negado proporcionará a un adversario los medios para estorbar las funciones conjuntas de EUA mientras apoya a sus propias.

Cómo comprender la megaciudad a través del Big Data

Un segundo factor clave en el dominio ciberespacial será la ventaja relativa que se logre a través de la eficacia de las técnicas de recolección de datos. Una técnica emergente que desempeñará un papel cada vez más importante es la recolección de big data, porque es casi imposible para una fuerza de tarea conjunta evaluar y comprender eficazmente el complejo ecosistema de una megaciudad sin depender de cantidades masivas de recolección y análisis de datos. Según la doctrina actual, llevar a cabo una evaluación sistémica de un ambiente urbano es el primer principio de las operaciones urbanas. En la doctrina, se declara que una comprensión del ambiente urbano es la base para planificar y ejecutar operaciones en ese lugar23. Evaluar y comprender integral y eficazmente una megaciudad por medio de herramientas y métodos establecidos es una tarea bastante abrumadora. Sin embargo, el big data —la capacidad de recolectar, analizar y correlacionar grandes cantidades de información de manera innovadora para producir nuevas perspectivas útiles— puede proporcionar un conjunto vital de herramientas a la fuerza de tarea conjunta para comprender el ambiente de una megaciudad24. Por ejemplo, el gobierno de la ciudad de Nueva York estableció una fuerza de tarea de análisis de datos el 2009 para determinar el uso los masivos depósitos de información y con ello mejorar la eficacia de administración municipal. Esta fuerza de tarea recolectó y analizó información desde archivos de impuestos sobre los ingresos hasta quejas sobre roedores para abordar eficazmente las prácticas de alojamiento ilegales y mejorar la seguridad pública25. Los datos usados por esta fuerza de tarea ya existían en una gran variedad de bases de datos de la ciudad—solo necesitaban ser agregados, correlacionados y, de otras maneras, analizados para producir perspectivas útiles. De igual manera, en el ambiente urbano de hoy en día, una gran mayoría de personas e instituciones están interconectadas por medio de redes de comunicaciones digitales que proporcionan un tesoro de datos que permite una mejor comprensión del ambiente.

La teniente segundo Stephanie Stanford, jefe de desarrollo cibernético, sargento segundo Aaron Wendel, técnico de red cibernética, y aerotécnico Brett Tucker, operador de sistemas cibernéticos, del 90º Escuadrón de Operaciones de Información llevan a cabo operaciones cibernéticas en la base aérea Lackland, estado de Texas, 1 de agosto de 2012. (Foto: Fuerza Aérea de EUA, Boyd Belcher)

Tal como hizo la fuerza de tarea de análisis de Nueva York, una fuerza militar de EUA que opera en un ambiente de megaciudad y emplea el big data puede recolectar y analizar inmensas cantidades de datos digitales generados cada día. En la comunidad de inteligencia militar, esta nueva capacidad en desarrollo se conoce como la explotación de redes computarizadas (CNE), y esta técnica puede ser una herramienta esencial para comprender más profundamente el ecosistema sociopolítico y económico de una megaciudad. Actualmente, redes de banda ancha móvil («tercera generación», o 3G y más moderna) alcanzan 84% de la población del mundo, y las suscripciones de banda ancha móvil se incrementan en proporciones de doble dígito en los países en vías de desarrollo26. Debido a que las personas utilizan las redes de banda ancha móvil para hacer una gran variedad de actividades —mensajes de texto, correo electrónico, trámites bancarios, ver noticias, e interactuar por las redes sociales— estos datos, si han sido adecuadamente agregados y analizados, pueden proporcionar nuevas perspectivas sobre todo, desde patrones de movimiento y opinión pública hasta el funcionamiento de redes criminales ilícitas.

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...las unidades terrestres tendrán que usar los fuegos no letales junto con la recolección de inteligencia en el ciberespacio y el espectro electromagnético para identificar y crear rutas de aproximación, identificar blancos, aislar objetivos y terrenos clave, e interrumpir las funciones enemigas.

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Ya que una gran parte de la población de una megaciudad accede a internet cada día desde un dispositivo móvil geolocalizable, una fuerza de tarea conjunta que cuente con la superioridad en el ciberespacio puede recolectar y analizar muchos puntos de datos para adquirir nuevas perspectivas sobre el ambiente de una megaciudad, su sistema y subsistemas que operan dentro del mismo.

Además de la actividad digital de personas y redes humanas, la actividad digital de los gobiernos municipales y gobiernos nacionales puede ayudar a dar forma a una comprensión más detallada del ambiente de megaciudad. Cada vez más, los gobiernos en todas partes del mundo proporcionan servicios e información a sus ciudadanos a través del internet. Si bien la conectividad de gobiernos individuales varía en todo el mundo, todos los 193 Estados miembros de las Naciones Unidas tienen un nivel de presencia en línea27. En las megaciudades altamente conectadas a la red, donde la mayor parte de la población tiene acceso al internet, es razonable presumir que las entidades gubernamentales utilizan las redes digitales para recolectar y procesar una gran cantidad de datos. Las comunicaciones y bases de datos del gobierno incluirán grandes cantidades de información en cuanto a la imposición de la ley, servicios públicos, finanzas del gobierno e infraestructura pública. Una fuerza conjunta con la superioridad en el ciberespacio puede acceder y analizar estos datos, proporcionando más capas de comprensión sobre la megaciudad y sus habitantes.

Si bien la explotación de redes computarizadas tiene el potencial de proporcionar un nivel de comprensión nunca antes visto del ambiente de una megaciudad, una fuerza de tarea conjunta debe tener la superioridad en el ciberespacio para recolectar, analizar y recabar datos de inteligencia de este valioso recurso. La recolección de datos necesarios de la actividad digital individual e institucional requiere el acceso a la mayoría de redes de internet y teléfonos celulares en el área de operaciones, se delinea en el concepto previamente propuesto de superioridad en el ciberespacio. Además, gran parte del proceso de recolectar y analizar el big data es automatizado con herramientas de software ya existentes que pueden crear una entrega automática y persistente de datos a los analistas de inteligencia28. La dependencia en la automatización, junto con el requisito de gran almacenamiento de datos, es indiscutiblemente necesaria debido al volumen total de datos que serán recolectados y analizados. Sin embargo, el incremento de la presencia digital y la mayor dependencia de softwares analíticos de la fuerza de tarea conjunta también aumentan su vulnerabilidad en cuanto a ciberataques adversarios. Por lo tanto, la superioridad en el ciberespacio requiere no solo la capacidad de acceder las redes de comunicaciones digitales sino también proteger las redes propias y amigas de ataques e interrupción.

Si bien la explotación de redes computarizadas es una herramienta valiosa y necesaria para comprender el complejo ambiente en una megaciudad, la fuerza de tarea conjunta no puede controlar esta capacidad a menos que primero haya logrado la superioridad en el ciberespacio.

Cómo configurar el campo de batalla en una megaciudad

Junto con el uso de capacidades cibernéticas para evaluar mejor y comprender el complejo ecosistema de una megaciudad, la fuerza de tarea conjunta necesitará configurar el campo de batalla de la megaciudad utilizando las herramientas del ciberespacio y el espectro electromagnético para crear efectos en los dominios físicos. Estas capacidades cibernéticas y electromagnéticas cuando se usan para crear efectos en el campo de batalla se denominan fuegos no letales. El emergente concepto de combate multidominio del Ejército de EUA acoge esta idea, promoviendo el uso de «capacidades interdisciplinarias» para crear y explotar las «aperturas» cronológicas de ventaja29.

El concepto de combate multidominio, sin importar su alcance y aplicabilidad o cuanta información ofrece, debe ser adaptado a las características únicas que se manifiestan en la amplia gama de ambientes operacionales. Por consiguiente, mientras surgen contingencias urbanas, el concepto de combate multidominio debe ser adaptado de acuerdo al ambiente de una megaciudad, el cual es único ya que combina grandes espacios, terreno físico complejo y restrictivo y densas poblaciones humanas. Una característica común de una megaciudad es la fuerte posibilidad de la negación o interrupción de la libertad de acción de EUA en los dominios físicos terrestres, marítimos y aéreos Las características físicas y demográficas de una megaciudad son desventajosas para las fuerzas terrestres de EUA desde un comienzo. En tal esperable ambiente, solo en el dominio del ciberespacio por la fuerza de tarea conjunta puede permitir la libertad de acción sin los trastornos endémicos a los obstáculos físicos que son característicos del ambiente de megaciudad que impiden el movimiento. Por lo tanto, la superioridad en el ciberespacio proporciona a la fuerza conjunta los posibles medios para moldear el campo de batalla físico a su favor a través del uso de las herramientas cibernéticas como elementos de apoyo clave para tomar acciones en los dominios físicos, por lo cual es un prerrequisito para lograr la superioridad en el ciberespacio para llevar a cabo las operaciones en el dominio físico. Por ejemplo, las grandes áreas llenas de complejos laberintos de calles y edificios, con gran densidad de población, harán sumamente difícil el combate terrestre sin el apoyo cibernético. Como fue demostrado en la Batalla de Mogadiscio, un ambiente urbano congestionado puede ayudar mucho a las fuerzas adversarias para negar la libertad de acción de las fuerzas de EUA30.

Puesto que las características físicas y demográficas de una megaciudad ponen a las fuerzas terrestres de EUA en una posición muy desventajosa desde un comienzo, la superioridad en el ciberespacio proporciona a la fuerza conjunta los medios para moldear el campo de batalla físico a su favor. Para mitigar los efectos del ambiente físico en enfrentamientos futuros en una megaciudad, las unidades terrestres tendrán que usar los fuegos no letales junto con la recolección de inteligencia en el ciberespacio y el espectro electromagnético para identificar y crear rutas de aproximación, identificar blancos, aislar objetivos y terrenos clave, e interrumpir las funciones enemigas. Además, una fuerza conjunta que ha logrado la superioridad en el ciberespacio en una megaciudad puede moldear el campo de batalla físico a través del uso de efectos no letales, tales como transmitir mensajes falsos a líderes y combatientes enemigos, identificar las concentraciones de tropas enemigas, transmitir mensajes a la población, desactivar las redes de comunicación en un área objetivo, interrumpir transacciones financieras y operaciones de reabastecimiento entre las redes enemigas, hacer la geolocalización o desactivar los dispositivos electrónicos enemigos, cortar el suministro eléctrico en un área objetivo y dirigir las actividades de las fuerzas de seguridad de la Nación anfitriona (ya sea abierta o encubiertamente), entre otros.

Otros desafíos relacionados con las megaciudades litorales

Considerando los problemas comunes relacionados con el combate urbano en las megaciudades, cabe señalar que gran número de las megaciudades del mundo se encuentran en áreas costeras congestionadas, lo que genera otros desafíos para una fuerza marítima y que deben ser superados con capacidades cibernéticas. Por ejemplo, las áreas marítimas alrededor de las megaciudades tales como Mumbai y Lagos, Nigeria, son muy congestionadas con buques pesqueros, mercantes y de pasajeros, y frecuentemente con bases de redes de contrabando ilícito y piratería. Las fuerzas adversarias puede aprovechar este ambiente litoral congestionado para estorbar las operaciones marítimas conjuntas con varias actividades tales como la vigilancia y reconocimiento clandestino, interferencia electrónica en los sistemas de comunicación, obstrucción de las líneas marítimas de operación y resistencia armada contra las operaciones anfibias. Por lo tanto, y de igual manera que las fuerzas terrestres, en una megaciudad pueden ser rápidamente abrumadas por las muchedumbres y las calles estrechas, las fuerzas marítimas fácilmente pueden perder su libertad de acción en una zona litoral congestionada, donde las fuerzas adversarias son casi imposibles de identificar y aislar.

El área costera de una megaciudad presenta casi tantos inconvenientes físicos como el área terrestre de la ciudad y las fuerzas marítimas conjuntas deben aprovechar la libertad de acción en el dominio de ciberespacio para superar los obstáculos y fricciones en el dominio marítimo físico. Para alcanzar la libertad de maniobra en esta zona costera desafiante, las fuerzas marítimas deben usar los fuegos no letales para lograr efectos tales como identificar las redes adversarias ocultas en el tráfico marítimo civil, manipular o interrumpir las comunicaciones y sistemas de navegación enemigos, transmitir instrucciones o mensajes falsos a barcos civiles o desactivar las comunicaciones y redes eléctricas en tierra previo a un asalto anfibio.

Las operaciones aéreas sobre las megaciudades

La naturaleza del ambiente de una megaciudad también permite que las fuerzas adversarias eviten e interrumpan el poder aéreo, haciendo necesaria la aplicación de fuegos no letales para una ventaja aérea efectiva. Sin importar el grado de dominio aéreo que tiene una fuerza de tarea conjunta sobre una megaciudad, el carácter del ambiente físico en el terreno hace muy difícil ejecutar gran parte de las operaciones aéreas. Edificios altos con poca distancia entre sí y calles estrechas afectan la vigilancia y el reconocimiento aéreo, las multitudes y otras preocupaciones colaterales limitan el uso de fuegos aéreos, dejando a los medios aéreos ineficaces en gran medida. Además, el terreno urbano cerrado proporciona amplia cobertura y encubrimiento a los sistemas de defensa antiaérea enemigos.

A fin de superar estos desafíos, las fuerzas conjuntas que han logrado la superioridad en el ciberespacio pueden usar fuegos no letales y recolección de inteligencia en el ciberespacio para perturbar los sistemas de adquisición de blancos de la defensa antiaérea enemiga, geolocalizar y mantener control sobre los blancos antes de atacarlos, llevar a cabo la vigilancia y reconocimiento electrónico desde el aire, realizar la manipulación o interferencia aerotransportada de las comunicaciones enemigas y muchas otras acciones que permiten configurar la zona de combate en la megaciudad.

Conclusiones y recomendaciones

La demografía y las tendencias de seguridad globales hacen probable que las Fuerzas Armadas de EUA se encontrarán operando en algún momento en megaciudades, un ambiente operacional distinto en el que Estados Unidos tiene muy poca experiencia. Las características físicas únicas de una megaciudad —inmensos espacios con complejas capas de terreno urbano y poblaciones concentradas—hacen posible que los adversarios interrumpan y nieguen la libertad de acción de las fuerzas de EUA por tierra, mar y aire.

En el ambiente de una megaciudad, las capacidades cibernéticas y del espectro electromagnético permitirán que la fuerza conjunta comprenda y configure el escenario de combate en los tres dominios físicos en la megaciudad. Sin embargo, una fuerza de tarea conjunta no puede hacerlo sin la superioridad del ciberespacio. La fuerza de tarea conjunta debe alcanzar la libertad de acción en el ciberespacio del área de operaciones en la megaciudad para recolectar, analizar y usar de manera eficaz los datos y señales electrónicas como armas. Para las operaciones militares en una megaciudad, la superioridad en el ciberespacio se convierte en un prerrequisito operacional crucial que sustituye a la superioridad aérea. Sin embargo, para eficazmente usar este concepto operacional, la fuerza conjunta debe ajustar su doctrina y organización.

La explotación de redes computarizadas tiene el potencial de garantizar que los comandantes de la fuerza conjunta comprendan en detalle el complejo y único ambiente de una megaciudad. Las empresas de tecnología ya están aprovechando el big data de manera similar para comprender el mundo y hacer más eficaces las empresas y gobiernos. Sin embargo, para que esta capacidad sea exitosa, las Fuerzas Armadas de EUA y la comunidad de inteligencia deben estar mejor posicionadas para adoptar las herramientas tecnológicas que el sector privado continúa desarrollando rápidamente. El Departamento de Defensa debe hacer una gran revisión de sus políticas de innovación y de adquisición de tecnología de información, instituyendo un modelo de adquisición de «empuje tecnológico», así como el existente modelo de «atracción de demanda»31.

Pareciera que el Comando de Adiestramiento y Doctrina del Ejército de EUA ha captado completamente las capacidades de las actividades cibernéticas y electromagnéticas para comprender y configurar el espacio de batalla físico evidenciado en el desarrollo del concepto de combate multidominio. El alcance de este concepto de llevar a cabo acciones en un dominio para obtener ventajas sobre otro es una modernización natural de las operaciones de armas combinadas tradicionales. Mirando hacia el futuro, la totalidad de la fuerza conjunta debe comprender y adoptar este concepto operacional junto a los servicios aéreos y marítimos, revisando e influyendo sobre este concepto para garantizar que sea verdaderamente conjunto. Más importante aún, es que a medida que se incorpora el combate multidominio a la futura doctrina, la jefatura de la fuerza conjunta debe enfatizar que esto es un concepto amplio y global que debe ser adaptado adecuadamente para corresponder con ambientes operacionales específicos.

A medida que se incorpora el concepto de combate multidominio en la doctrina conjunta, se debe tomar en cuenta los desafíos presentados para combatir en una megaciudad. Las futuras ediciones de la JP 3-06 deben contener una parte dedicada a las características únicas de las megaciudades, los desafíos que presentan en los dominios físicos y las opciones para derrotar estos desafíos a través del dominio del ciberespacio. En las futuras ediciones de las publicaciones de operaciones conjuntas, se debe promover la superioridad cibernética como un prerrequisito operacional para las operaciones en una megaciudad, en lugar de promover la superioridad aérea como una precondición universal para las operaciones en cualquier escenario.

Finalmente, y dada la creciente capacidad del ciberespacio y el espectro electromagnético para influir en los dominios físicos, las fuerzas de tarea conjunta de nivel operacional deben establecer un componente cibernético de fuerza conjunta parecido a los existentes componentes aéreos, terrestres y marítimos. Actualmente, las operaciones que se llevan a cabo en el dominio del ciberespacio y en todo el espectro electromagnético se clasifican en una variedad de funciones compartimentadas y organizadas distintamente en todas las instituciones militares. Todos los integrantes de las especialidades de comunicaciones, inteligencia de transmisiones, guerra electrónica, operaciones de información y ciberguerra operan y funcionan en el ciberespacio y el espectro electromagnético. Un componente de ciberespacio conjunto con un comandante y estado mayor garantizará que las actividades cibernéticas y electromagnéticas estarán sincronizadas y libres de conflictos administrativos en toda el área de operaciones de la fuerza de tarea, así como proporcionará un nexo crucial entre la fuerza de tarea y el Comando Cibernético de EUA.

La Escuela Superior de Guerra Naval comprobó este concepto en un juego de guerra en 2014 y concluyó que es un requerimiento válido la componente cibernética para un comandante32. Puesto que esto aún es un concepto emergente y en desarrollo, la fuerza conjunta debe continuar examinando y refinando el modelo de componente de ciberespacio conjunto.

Tal como la superioridad aérea surgió como un prerrequisito operacional en el siglo XX, la superioridad en el ciberespacio también debe surgir de la misma forma en el siglo XXI. La doctrina conjunta actual y los conceptos operacionales reconocen y toman en cuenta la importancia del dominio cibernético. Sin embargo, si se les asigna a las Fuerzas Armadas de EUA la tarea de luchar y ganar en una megaciudad con gran densidad de población y gran cantidad de redes, reconocer la importancia de la ciberguerra no será suficiente—los comandantes operacionales que se esfuerzan por ganar la lucha en el terreno primero tendrán que ganar la lucha digital.


Notas

  1. United Nations (UN), «World Urbanization Prospects: The 2014 Revision, Highlights» (Nueva York: UN Department of Economic and Social Affairs, 2014), pág. 2, accedido 3 de noviembre de 2017, https://esa.un.org/unpd/wup/publications/files/wup2014-highlights.pdf.
  2. Michelle Tan, «Army Chief: Soldiers Must Be Ready to Fight in ‘Megacities’», DefenseNews (sitio web), 5 de octubre de 2016, accedido 3 de noviembre de 2017, http://www.defensenews.com/articles/army-chief-soldiers-must-be-ready-to-fight-in-megacities.
  3. Joint Publication (JP) 3-30, Command and Control of Joint Air Operations (Washington, DC: U.S. Government Publishing Office [GPO], 10 de febrero de 2014), pág. I-1.
  4. JP 3-06, Joint Urban Operations (Washington, DC: U.S. GPO, 20 de noviembre de 2013), pág. iii.
  5. Ibíd., págs. I-10–I-12.
  6. Central Intelligence Agency (CIA), «The World Fact Book: Somalia», CIA (sitio web), última actualización 19 de octubre de 2017, accedido 3 de noviembre de 2017, https://www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/geos/so.html.
  7. JP 3-06, Joint Urban Operations, págs. III-18, IV-27.
  8. La Fuerza de Tarea Ranger era una fuerza de tarea conjunta de operaciones especiales que se desplegó a Mogadiscio, Somalia, en 1993. Su misión era eliminar o capturar a todos los señores de la guerra tribales que interferían en la distribución de alimentos a la población que sufría hambruna. El 3 de octubre de 1993, una misión para capturar dos lugartenientes del señor de la guerra Mohamed Farah Aidid salió mal. Dos helicópteros fueron derribados y la fuerza terrestre fue rodeada por miles de somalíes armados, lo que suponía ser una misión de una hora se tornó en una batalla de supervivencia que duró toda la noche entre 99 soldados élites de EUA y la milicia de Aidid. Una narración parcial de esta batalla está disponible en el libro Black Hawk Down: A Story of Modern War de Mark Bowden (Nueva York: Atlantic Monthly Press, 1999).
  9. David Kilcullen, Out of the Mountains: The Coming of Age of the Urban Guerrilla (Nueva York: Oxford University Press, 2013), pág. 62.
  10. Ibíd.
  11. Marc Harris y col., «Megacities and the United States Army: Preparing for a Complex and Uncertain Future» (informe, Washington, DC: Chief of Staff of the Army, Strategic Studies Group, 2014), pág. 8, accedido 3 de noviembre de 2017, https://www.army.mil/e2/c/downloads/351235.pdf.
  12. P. H. Liotta y James F. Miskel, The Real Population Bomb: Megacities, Global Security, and the Map of the Future (Dulles, Virginia: Potomac Books, 2012), pág. 83.
  13. Ibíd., págs. 83-87.
  14. Ibíd.
  15. JP 3-06, Joint Urban Operations, pág. I-11.
  16. Kilcullen, Out of the Mountains, págs. 116–25.
  17. JP 3-0, Joint Operations (Washington, DC: U.S. GPO, 17 de enero de 2017), pág. III-28.
  18. JP 3-12(R), Cyberspace Operations (Washington, DC: U.S. GPO, 5 de febrero de 2013), pág. GL-4.
  19. Shane Harris, @War: The Rise of the Military-Internet Complex (Nueva York: Houghton Mifflin Harcourt, 2014), pág. 44.
  20. Ibíd.
  21. John Pollock, «People Power 2.0», MIT Technology Review, 20 de abril de 2012, accedido 3 de noviembre de 2017, https://www.technologyreview.com/s/427640/people-power-20/.
  22. John Scott-Railton, Revolutionary Risks: Cyber Technology and Threats in the 2011 Libyan Revolution, Center on Irregular Warfare & Armed Groups (CIWAG) Case Study Series 2013 (Newport, Rhode Island: CIWAG, U.S. Naval War College, 2013), pág. 50.
  23. JP 3-06, Joint Urban Operations, pág. I-11.
  24. Paul B. Symon y Arzan Tarapore, «Defense Intelligence Analysis in the Age of Big Data», Joint Force Quarterly 79 (octubre de 2015, 4º Trimestre): pág. 5, accedido 3 de noviembre de 2017, http://ndupress.ndu.edu/JFQ/Joint-Force-Quarterly-79/Article/621113/defense-intelligence-analysis-in-the-age-of-big-data/.
  25. Viktor Mayer-Schonberger y Kenneth Cukier, Big Data: A Revolution That Will Transform How We Live, Work, and Think (Nueva York: Houghton Mifflin Harcourt, 2013), págs. 186-88.
  26. International Telecommunications Union (ITU), ICT [Information and Communication Technologies] Facts and Figures: 2016 (Geneva: ITU, 2016), págs. 1 y 4, accedido 3 de noviembre de 2017, https://www.itu.int/en/ITU-D/Statistics/Documents/facts/ICTFactsFigures2016.pdf.
  27. UN, United Nations E-Government Survey 2016: E-Government in Support of Sustainable Development (Nueva York: UN Department of Economic and Social Affairs, 2016), pág. 5, accedido 3 de noviembre de 2017, http://workspace.unpan.org/sites/Internet/Documents/UNPAN97453.pdf.
  28. Symon y Tarapore, «Defense Intelligence Analysis in the Age of Big Data», pág. 6.
  29. U.S. Army Capabilities Integration Center (ARCIC), «Multi-Domain Battle: Combined Arms for the 21st Century», ARCIC (sitio web), accedido 3 de noviembre de 2017, http://www.arcic.army.mil/App_Documents/Multi_Domain_Battle.pdf.
  30. Bowden, Black Hawk Down, pág. 135.
  31. Symon y Tarapore, «Defense Intelligence Analysis in the Age of Big Data», pág. 5.
  32. Don Marrin y Walter Berbrick, U.S. Naval War College Global 2014: Game Report, Navy Global War Game Series (Newport, Rhode Island: U.S. Naval War College War Gaming Department, 2015), pág. 53, accedido 3 de noviembre de 2017, http://www.dtic.mil/get-tr-doc/pdf?AD=AD1014472.

El mayor Austin G. Commons, Ejército de EUA, es estudiante en la Escuela Superior de Guerra Naval en Newport, Rhode Island. Cuenta a su haber con una Licenciatura de la Academia Militar de EUA en West Point, Nueva York. En su carrera, Commons ha servido en asignaciones operacionales en la 101ª División Aerotransportada (Asalto Aéreo), la 1ª División de Caballería y el 75º Regimiento de Rangers. Se ha desplegado en apoyo de las Operaciones Iraqi Freedom y New Dawn en Irak, así como las Operaciones Enduring Freedom y Freedom´s Sentinel en Afganistán.

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Segundo Trimestre 2018